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| Escepticismo |
EscepticismoEl escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda.
Al contrario que los cínicos que eran muy extremistas, su doctrina no está basada tanto en la negación de la filosofía o el saber como en la duda como meta para conocer la verdad.
El primer escéptico fue Pirrón, gran viajero que conoció muchas culturas con los ejércitos de Alejandro y le permitió dudar de las verdades evidentes y tradiciones de su cultura.
Timón continuó la tradición escéptica poniendo en duda las ideas aristotélicas dudando incluso de los primeros principios de la deducción aristotélica.
Sin embargo, el sistema socrático de hipótesis y deducciones nunca fue puesto en duda por los escépticos, aunque se ganaron merecida fama de desbaratadores y perdieron popularidad al luchar contra los ritos, leyendas y supersticiones arraigadas.
Durante el siglo I a.C. el escepticismo volvió a cobrar importancia paulatinamente hasta Luciano de Samosata y Sexto Empírico que representan a los últimos escépticos clásicos.
No es hasta el Renacimiento con la figura del creador del género ensayístico, Michel de Montaigne, y concretamente hasta que el médico Francisco Sánchez escribió una obra fundamental, Quod nihil scitur (Que nada se sabe), que el escepticismo no fue tomado como una hipótesis válida para indagar en la verdad, de forma tal que constituyó el fundamento primero de Descartes y su duda metódica, con la cual el escepticismo vuelve paulatinamente a cobrar importancia hasta el Siglo de las luces donde impregna todo el pensamiento ilustrado.
A mediados del siglo XIX, el Romanticismo ya domina la sociedad y reclama para sí toda un modo de vida menos analítico, más evocativo donde se pueda mezclar realidad, y fantasía.
Enlaces externos
- [http://www.cinicos.com/escepticos.htm Portal sobre la Escuela Escéptica]
- [http://www.arp-sapc.org ARP - Sociedad para el avance del pensamiento crítico]
- [http://www.pensar.org Revista Pensar]
- [http://charlatanes.blogspot.com El Retorno de los Charlatanes]
- [http://shoikan.blogspot.com Debunking Myths (en español)]
Categoría:Filosofía
CínicosLos cínicos fueron un movimiento filosófico que tuvo su origen en la antigua atenas y fue fundado por Antistenses, alrededor del año 400 a.c.
Dichos pensadores se reunían en la plaza del perro de dicha ciudad y era allí donde configuraron su pensamiento basado en la crítica observación de la realidad. La teoría de los cínicos era que el ser humano no tenía que preocuparse de la salud ni del sufrimiento de la muerte.
ja:キュニコス派
PirrónPirrón, (en griego Πύρρων ο Ηλείος) (360 – 270) natural de Elis fue el primer filósofo escéptico que hizo de la duda el problema central de toda su filosofía.
Se conoce su existencia a través de su discípulo Timón y, según cuenta, era tan radical en su postura que negaba que se pudiera llegar a los primeros principios de la deducción aristotélica. (Aunque no era tan radical como Antístenes que renunció a toda clase de filosofía.)
No se sabe por qué la Edad Media escolástica fue tan hostil hacia la filosofía pirroniana, pero como consecuencia de ello se destruyeron gran parte de los contenidos escépticos.
Pirrón
Luciano de SamosataLuciano de Samosata (Samosata, 125 - ¿181? d. C.), escritor sirio de expresión griega, uno de los primeros humoristas, perteneciente a la llamada Segunda sofística.
Biografía
Fue aprendiz de escultor y abogado, y se dedicó luego a la sofística recurriendo todo el Mediterráneo durante el reinado del emperador romano Marco Aurelio dando conferencias. Se estableció en Atenas (163-185) y quizá murió en Alejandría poco después de 181 d. C.
Producción literaria
Se conserva casi toda su obra en prosa, el Corpus Lucianeum, alrededor de 82 opúsculos de temática muy variada entre los cuales acaso una decena son apócrifos. Bastantes son obras retóricas (Elogio de la mosca) y a veces ronda la autobiografía (El sueño o El gallo) y le tientan la historia (Sobre cómo escribir la historia) o la filosofía (La pantomima, El pecador), pero se le conoce fundamentalmente por una serie de desternilllantes diálogos satíricos y morales (Diálogos de los dioses, Diálogos de los muertos, Diálogos de las cortesanas, Caronte el cínico, Prometeo, La asamblea de los dioses, El parásito) donde se desacredita todo tipo de creencia filosófica y religiosa. Entre estas últimas, figura no sólo la religión pagana, sino también la cristiana, que cada vez tomaba más pujanza; en La muerte de Peregrino presenta a Jesús como un vulgar embaucador. Luciano se constituye, pues, en algo así como el Voltaire del mundo antiguo.
Compuso también libelos como El maestro de retórica, parodias de las tragedias clásicas como El pie ligero o La tragedia de la gota y una novela corta, Historia verdadera, donde idea un viaje a la Luna en un barco arrastrado por una providencial tromba de agua y donde, entre otras maravillas, ve a los selenitas, que no tienen ano, hilar los metales y el vidrio para hacer trajes, beber zumo de aire o quitarse y ponerse los ojos, y asiste a la guerra entre el emperador selenita y el solar; se trata tal vez de la primera obra de imaginación pura especulativa de la literatura universal, pues ya el mismo autor afirma en ella lo siguiente: «Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir». Es, pues, uno de los abuelos de la ficción científica o Ciencia-ficción. De tema parecido es el Icaromenipo, escrito en el que el filósofo real Menipo de Gádara, personaje cínico habitual en sus sátiras contra la religión, consigue volar con un ala de águila y otra de buitre desde el monte Olimpo a la Luna, que encuentra habitada por espíritus. Cuando Menipo decide volar hasta el Sol, los dioses, airados por su atrevimiento, le roban las alas.
Fue muy imitado durante el siglo XVI, por ejemplo por Erasmo de Rotterdam en sus Coloquios o por François Rabelais; en castellano lo fue por los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, así como por Cristóbal de Villalón en El Crotalón. Ya en el siglo XVII, Miguel de Cervantes lo utiliza como modelo para su Coloquio de los perros y Francisco de Quevedo se inspira en él para componer sus Sueños. En el resto de Europa no fue su prestigio menor: le imitaron Swift y Voltaire, sobre todo.
Bibliografía
- Obras, edición bilingüe de J. Alsina. Barcelona: Alma Mater, 2 vols., 1962 y 1966.
Samosata, Luciano de
Categoría:Escritores en griego antiguo
RenacimientoEl concepto Renacimiento se aplica a la época dando comienzo a la Edad Moderna. El término procede de la obra de Giorgio Vasari Vidas de pintores, escultores y arquitectos famosos, publicada en 1570, pero hasta el siglo XIX este concepto no recibió una amplia interpretación histórico-artística.
Sin embargo, Vasari había formulado una idea determinante, el nuevo nacimiento del arte antiguo, que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo en la actitud espiritual del artista.
De hecho el Renacimiento rompe, conscientemente, con la tradición artística de la Edad Media, a la que califica, con pleno desprecio, como un estilo de bárbaros o de godos. Y con la misma consciencia se opone al arte contemporáneo del Norte de Europa.
Desde una perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significa una "ruptura" con la unidad estilística que hasta ese momento había sido supranacional.
Edad Media: Un ejemplo de prosperidad en ciencia y arte durante el Renacimiento.]]
Artes
Introducción
Históricamente, el Renacimiento se originó en la era de los descubrimientos geográficos y las conquistas ultramarinas.
El Renacimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la Edad Media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.
El desmembramiento de la cristiandad y el desarrollo de los nacionalismos, la introducción de la imprenta, entre 1460 y 1480, y la consiguiente difusión de la cultura. Paralelamente a la revolución operada en el mundo de las ideas, surgió a principios del s.XV un renacimiento artístico en Italia (Renascita) de empuje extraordinario.
El artista tomó conciencia de individuo con valor y personalidad propios, se vio atraído por el saber y comenzó a estudiar anatomía, técnica del claroscuro, leyes de perspectiva, los modelos de la antigüedad clásica, etc. Así tenemos a Leonardo da Vinci, personalidad eminentemente renacentista, quien dominó distintas ramas del saber.
Es curioso que mientras surgía en Florencia el Quattrocento o primer Renacimiento italiano (s.XV) gracias a la búsqueda de las bases científicas del arte, se produjera un fenómeno parecido y simultaneo en Flandes (especialmente en pintura), basado sólo en la observación de la vida y la naturaleza. Este Bajo Renacimiento tuvo gran repercusión en la Europa Oriental (el Kremlin fue obra de artistas italianos).
La segunda fase del Renacimiento, o Cinquecento (s.XVI), se caracterizó por la hegemonía de Roma, 1527 los Papas decidieron hasta en el mundo del arte (Julio II, León X, Clemente VII); con las guerras de Italia los artistas emigraron y propagaron los principios renacentistas por toda Europa Occidental.
Durante la segunda mitad del s.XVI empezó la decadencia del Renacimiento, que cayó en un rígido formalismo, y tras el Manierismo dejó paso al Barroco.
Barroco]
Arquitectura
Había dos tipos de edificios: religiosos (iglesias) y civiles (urbanos y laicos). Entre los principales elementos constructivos tenemos:
- Sustentantes: Arco de medio punto y columnas.
- Sustentados: Cúpula, bóveda de cañón y cubiertas planas con casetones.
- Elementos decorativos: Pilastras, frontones, pórticos, decoración heráldica, almohadillado, voluta, grutescos, guirnaldas y medallones.
Desde un principio la arquitectura renacentista tuvo un carácter profano, y, lógicamente, surgió en una ciudad en donde el Gótico apenas había penetrado, Florencia; en la Europa de las grandes catedrales, se implantó con dificultades.
Se caracterizó por el empleo de proporciones modulares, superposición de ordenes, empleo de cúpulas e introducción del orden colosal. En el Quattrocento fue frecuente recurrir a columnas y pilastras adosadas, a los capiteles clásicos (con preferencia el corintio, aunque sustituyendo los caulículos por figuras fantásticas o de animales), los fustes lisos y el arco de medio punto, a la bóveda de cañón y de arista, así como a cubiertas de madera con casetones. Lo que fundamentalmente distingue a la arquitectura del Quattrocento de la del Alto Renacimiento (o Cinquecento) es la decoración menuda (putti, guirnaldas de flores o frutos, grutescos, etc.), el alargamiento de la cúpula (catedral de Florencia, de Brunelleschi) y las fachadas de piedra tosca (Palacio Medici−Ricardi, de Michelozzo) o con los sillares en realce (Palacio Rucellai, de B. Rosellino, proyecto de Alberti).
La arquitectura del Cinquecento tuvo como centro Roma: En 1506 Bramante terminaba su célebre proyecto para la basílica de San Pedro en el Vaticano. Los palacios se adornaron de valiosos bajorrelieves (Palacio Grimani de Venecia, 1549, obra de San Micheli) o de esculturas exentas (biblioteca de San Marcos, 1537−50, Venecia, obra de Jacopo Sansovino).
Etapas
Diferentes etapas históricas marcan el desarrollo del Renacimiento:
La primera tiene como espacio cronológico todo el siglo XV, es el denominado Quattrocento, y comprende el Renacimiento temprano que se desarrolla en Italia.
La segunda, afecta al siglo XVI, se denomina Cinquecento, y su dominio artístico queda referido al Alto Renacimiento, que se centra en el primer cuarto del siglo. Esta etapa desemboca hacia 1520-1530 en una reacción anticlásica que conforma el Manierismo.
Mientras que en Italia se estaba desarrollando el Renacimiento, en el resto de Europa se mantiene el Gótico en sus formas tardías, situación que se va a mantener, exceptuando casos concretos, hasta comienzos del siglo XVI.
En Italia el enfrentamiento y convivencia con la antigüedad clásica, considerada como un legado nacional, proporcionó una amplia base para una evolución estilística homogénea y de validez general. Por ello, allí, es posible su surgimiento y precede a todas las demás naciones.
Fuera de Italia la Antigüedad Clásica supondrá un caudal académico asimilable, y el desarrollo del Renacimiento dependerá constantemente de los impulsos marcados por Italia. Artistas importados desde Italia o formados allí, hacen el papel de verdaderos transmisores.
De forma genérica se pueden establecer las características del Renacimiento en:
:# La vuelta a la Antigüedad. Resurgirán tanto las antiguas formas arquitectónicas, como el orden clásico, la utilización de motivos formales y plásticos antiguos, la incorporación de antiguas creencias, los temas de mitología, de historia, así como la adopción de antiguos elementos simbólicos. Con ello el objetivo no va a ser una copia servil, sino la penetración y el conocimiento de las leyes que sustentan el arte clásico.
:# Surgimiento de una nueva relación con la Naturaleza, que va unida a una concepción ideal y realista de la ciencia. La matemática se va a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar racionalmente su ideal de belleza. La aspiración de acceder a la verdad de la Naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacía el conocimiento de fenómeno casual, sino hacía la penetración de la idea.
:# El Renacimiento hace al hombre medida de todas las cosas. Como arte esencialmente cultural presupone en el artista una formación científica, que le hace liberarse de actitudes medievales y elevarse al más alto rango social.
Los supuestos históricos que permitieron desarrollar el nuevo estilo se remontan al siglo XIV cuando, con el Humanismo, progresa un ideal individualista de la cultura y un profundo interés por la literatura clásica, que acabaría dirigiendo, forzosamente, la atención sobre los restos monumentales clásicos.
Italia en ese momento está integrada por una serie de estados entre los que destacan Venecia, Florencia, Milán, el Estado Pontificio y Nápoles.
La presión que se ejerce desde el exterior impidió que, como en otras naciones, se desarrollara la unión de los reinos o estados; sin embargo, sí se produjo el fortalecimiento de la conciencia cultural de los italianos.
Desde estos supuestos fueron las ciudades las que se convierten en centros de renovación artística.
En Florencia el desarrollo de una rica burguesía ayudará al despliegue de las fuerzas del Renacimiento, la ciudad se convierte en punto de partida del nuevo estilo, y surgen, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras que desde aquí se van a extender al resto de Italia.
Importantes artístas del Renacimiento
Médicis, Kraków]]
- Fra Angelico
- Giotto di Bondone
- Hieronymus Bosch
- Pieter Brueghel el Viejo
- Pieter Brueghel el Joven
- Jan Brueghel el Viejo
- Jan Brueghel el Joven
- Filippo Brunelleschi
- Donatello
- Sandro Botticelli
- Albrecht Dürer
- Michelangelo
- Raphael, Raffaello Sanzio
- Leonardo da Vinci
- Jan van Eyck
- Rogier van der Weyden
Véase también
- Renacimiento italiano
Renacimiento
Category:Historia de Italia
-
ja:ルネサンス
ko:르네상스
Michel de MontaigneMichel Eyquem de Montaigne (28 de febrero 1533 - 23 de septiembre 1592) fue un pensador y escritor francés del Renacimiento, creador del género literario conocido como ensayo.
ensayo
Biografía
Montaigne recibió de su padre una educación a la vez liberal y humanista, y el latín fue su lengua materna. Admirador de Virgilio, Cicerón y Sócrates, fue un humanista que tomó al hombre, y en particular a él mismo, como objeto de estudio en su principal trabajo, los Ensayos (Essais) empezados en 1571 a la edad de 38 años. Escribe que "Quiero que se me vea en mi forma simple, natural y ordinaria, sin contención ni artificio, pues yo soy el objeto de mi libro". El proyecto de Montaigne era mostrarse sin máscaras, sobrepasar los artificios para desvelar su yo más íntimo en su esencial desnudez.
Junto con Francisco Sánchez, fue el principal defensor del escepticismo en el Renacimiento tardío. Fue un crítico agudo de la cultura, la ciencia y la religión de su época, hasta el punto de que llegó a considerar la propia idea de certeza como algo innecesario. Su influjo fue colosal en la literatura francesa, occidental y mundial, como creador del género conocido como ensayo.
Durante la época de las guerras de religión, Montaigne, católico él mismo, trató de ser un moderador y de contemporizar con los dos bandos enfrentados. Le respetaron como tal el católico Enrique III y el protestante Enrique de Navarra. De 1580 a 1581, viajó por Francia, Alemania, Austria, Suiza e Italia, llevando un diario detallado donde describió episodios variados y las diferencias entre las regiones que atravesaba. Sin embargo, este escrito sólo llegó a ser publicado en 1774, con el título Diario de viaje.
Mientras estaba en Roma, en 1581, fue elegido alcaide de Burdeos; su padre Pierre Eyquem había sido ya alcalde de esta villa, que Michel rigió hasta 1585, cuando intentó moderar las tensiones entre católicos y protestantes. Hacia el fin de su mandato, la peste asedió la ciudad.
Cuando Enrique IV, otra vez rey y con quien él sostuvo siempre una relación amistosa, le invita a la Corte como consejero, rehusando el papel de un nuevo Platón en la corte del tirano Dionisio de Siracusa, declinó tan generosa proposición: "Yo no he recibido jamás ninguna generosidad por parte de los reyes, que no he pedido ni merecido, ni he recibido paga alguna por los pasos que he dado en su servicio. (...) Soy, Sire, tan rico como me imagino".
Montaigne continuó extendiendo y revisando sus Ensayos hasta su muerte, acaecida en 1592 en el castillo de su nombre, en cuyas vigas del techo hizo grabar sus citas favoritas. El lema, mote o divisa de su casa era Que sais-je? (¿Qué sé yo? o ¿Yo qué sé?), y mandó acuñar con él una medalla con una balanza cuyos dos platos se hallaban en equilibrio.
Su obra
Montaigne escribió con pluma festiva y franca, revolviendo un pensamiento con otro, "a salto de mata". Su texto está continuamente esmaltado de citas de clásicos grecolatinos, por lo cual se excusa haciendo notar la inutilidad de "volver a decir peor lo que otro ha dicho primero mejor". Obsesionado con evitar la pedantería, omite a veces la referencia al autor que inspira su pensamiento o que cita y que, de todas formas, es conocido en su época. Los anotadores futuros suplieron esta menudencia.
Considera que su fin es "describir al hombre, y en particular a mí mismo (...) y se encuentra tanta diferencia entre mí y yo mismo que entre yo y otro". Juzga que la variabilidad y la inconstancia son dos de sus características esenciales. "No he visto nunca tan gran monstruo o milagro como yo mismo". Se refiere a su pobretona memoria y su capacidad para ahondar lentamente en los asuntos rodeándolos en espiral para no implicarse emocionalmente, su disgusto ante los hombres que persiguen la celebridad y sus tentativas para desasirse de las cosas del mundo y prepararse para la muerte. Su célebre mote o divisa, Que sais-je?, que puede traducirse por ¿Qué sé yo? o ¡Yo qué sé! refleja bien a las claras ese despego y ese deseo de interiorizar en su rico mundo interior y es el punto de partida de todo su desarrollo filosófico.
Montaigne muestra su aversión por la violencia y por los conflictos fratricidas entre católicos y protestantes (pero también entre güelfos y gibelinos) que habían empezado a masacrarse al mismo tiempo que aparecía el Renacimiento, como para desmentir la espléndida esperanza que los humanistas habían puesto en él. Para Montaigne es preciso evitar la reducción de la complejidad en la oposición binaria y en la obligación de escoger bando, privilegiar el retraimiento escéptico como respuesta al fanatismo. En 1942, Stefan Zweig dijo de él: «A pesar de su lucidez infalible, a pesar de la piedad que le embargaba hasta el fondo de su alma, debió asistir a esta despreciable caída del humanismo en la bestialidad, a alguno de esos accesos esporádicos de locura que constituyen a veces lo humano. (...) Esa es la verdadera tragedia de la vida de Montaigne".
Mientras que algunos humanistas creían haber encontrado el Jardín del Edén, Montaigne lamentaba la conquista del Nuevo Mundo en razón de los sufrimientos que aportaba a los que por ella debían infaliblemente reducirse a la esclavitud. «Viles victorias». Se encontraba más horrorizado por la tortura que sus semejantes infligían a unos seres vivos que por el canibalismo de esos mismos amerindios a los que se llamaba salvajes.
Tan moderno como muchos de los hombres de su tiempo (Erasmo, Juan Luis Vives, Tomás Moro, Guillaume Budé...), Montaigne profesaba el relativismo cultural, reconociendo que las leyes, las morales y las religiones de diferentes culturas, aunque a menudo diversas y alejadas en sus principios, tenían todas algún fundamento. "No cambiar caprichosamente una ley recibida" constituye uno de los capítulos más incisivos de los Essais. Por encima de todo, Montaigne es un gran seguidor y defensor del Humanismo. Si cree en Dios, rehúsa toda especulación sobre su naturaleza y, ya que el yo se manifiesta en sus contradicciones y variaciones, piensa que debe ser despojado de creencias y prejuicios que lo extravíen.
Sus escritos se caracterizan por un pesimismo y un escepticismo raros en la época renacentista. Citando el caso de Martin Guerre, piensa que la humanidad no puede esperar certidumbres y rechaza las proposiciones absolutas y generales. Su escepticismo se expone sobre todo dentro del largo ensayo Apología de Raymond Sebond (Raimundo Sabunde), capítulo 12, libro segundo, frecuentemente extraído y publicado aparte de los Ensayos. En su opinión no podemos creer nuestros razonamientos porque los pensamientos nos aparecen sin acto volitivo; no los controlamos, no tenemos razón en sentirnos superiores a los animales. Nuestros ojos no perciben más que a través de nuestros conocimientos:
«Si preguntáis a la Filosofía de qué materia es el cielo y el sol, ¿qué os responderá ella sino de hierro o, con Anaxágoras, de piedra o tal estofa según nuestra costumbre?»
«¡Que plazca un día a la Naturaleza abrir su seno y hacernos ver propiamente los medios y guía de sus movimientos, y fijemos allí nuestros ojos! ¡Oh, Dios! ¡Qué desvíos, qué vacíos encontraríamos en nuestro pobre saber!»
Juzga el matrimonio como una necesidad para permitir la educación de los niños, pero piensa que el amor romántico es un atentado contra la libertad del individuo: "El matrimonio es una jaula: los pájaros fuera desesperan por entrar, pero los de dentro desesperan por salir"
En fin, en educación propone la entrada al saber por medio de ejemplos concretos y de experiencias más que por conocimientos abstractos aceptados sin crítica alguna. Rehúsa, sin embargo, constituirse en un guía espiritual, en un maestro de pensamiento: no tiene filosofía que hacer prevaler, considerando esta solamente una compañía en la búsqueda de identidad.
La libertad de pensar no se plantea como modelo, ofrece solamente a los hombres la posibilidad de hacer emerger en ellos la libertad, el poder de pensar y de asumir hasta la libertad última: "La que enseña a los hombres a morir como se aprende a vivir"
Bibliografía en Español
- BURKE, Peter: Montaigne, Madrid, Alianza, 1985, 103 p.
- CASALS PONS, Jaume: La filosofia de Montaigne, Barcelona, Edicions 62, 1986 (en catalán).
- CHAMIZO, Pedro: La doctrina de la verdad en Michel de Montaigne, Málaga, Universidad de Málaga, 1984.
- LACOUTURE, Jean: Montaigne a caballo, Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
- NAVARRO, Jesús: La extrañeza de sí mismo: identidad y alteridad en Montaigne, Sevilla, Fénix Editora, 2005.
- THIEBAUT, Carlos: “Montaigne como pretexto”, Revista de Occidente, 130, 1992, pp. 27-49.
Montaigne Michel de
Montaigne Michel de
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Descartes
René Descartes (31 de marzo, 1596, La Haye - 11 de febrero, 1650, Estocolmo), Filósofo y matemático francés.
René Descartes nació en 1596 en La Haye (Turena, cerca de Poitiers, Francia) en el seno de una familia de abogados, comerciantes y médicos. Fue el tercer hijo del jurista Joaquín Descartes y de Jeanne Brochard. Aunque René pensaba que su madre murió al nacer él, lo cierto es que murió un año después, durante el parto de un hermano que tampoco sobrevivió. Tras la muerte de su madre, él y sus hermanos fueron educados por su abuela, pues su padre, consejero del Parlamento de Bretaña, debía ausentarse por largas temporadas.
Fue alumno de los jesuitas en el colegio de La Flèche (1606-1614).
La educación en La Flèche le proporcionó, durante los cinco primeros años, una sólida introducción a la cultura clásica, habiendo aprendido latín y griego en la lectura de autores como Cicerón, Horacio y Virgilio, por un lado, y Homero, Píndaro y Platón, por el otro. El resto de la enseñanza estaba allí muy basada en textos de Aristóteles, acompañados básicamente por comentarios de jesuitas (Suárez, Fonseca, Toledo) y otros autores españoles (Cayetano, quizá Vitoria). Conviene destacar que Aristóteles era entonces el autor de referencia para el estudio, tanto de la física, como de la biología. El plan de estudios incluía también una introducción a las matemáticas (Clavius), tanto puras como aplicadas: astronomía, música, arquitectura. Siguiendo una extendida práctica medieval y clásica, en esta escuela los estudiantes se ejercitaban constantemente en la discusión (disputatio). A su egreso del Colegio a los 18 años, Descartes ingresó en la Universidad de Poitiers para estudiar Derecho y posiblemente, algo de medicina.
En 1618 se alistó unos meses como voluntario en el ejército de Mauricio Nassau, en 1619 en el ejército del elector de Baviera y en 1621 en el ejército del conde de Bucquoy. Viajó por los Países Bajos, Alemania, Polonia y Hungría. Pasa 1622 en París, para emprender luego un viaje a Italia que duró de 1623 a 1624, volviendo a París de 1625 a 1629.
En 1619, en Breda, conoció a Issac Beeckman, quien intentaba desarrollar una teoría física corpuscularista, muy basada en conceptos matemáticos. El contacto con Beeckman estimuló en gran medida el interés de Descartes por las matemáticas y la física. Pese a los constantes viajes que realizó en esta época, Descartes no dejó de formarse y en 1620 conoció en Ulm al entonces famoso maestro calculista alemán J. Faulhaber. Él mismo refiere que inspirado por una serie de sueños, en esta época vislumbró la posibilidad de desarrollar una "ciencia maravillosa". El hecho es que, probablemente estimulado por estos contactos, Descartes resuelve problemas como el de la trisección del ángulo y la duplicación del cubo; también descubre el teorema denominado de Euler sobre los poliedros. A pesar de discurrir sobre los temas anteriores, Descartes no publica entonces ninguno de estos resultados. Durante su estancia más larga en París, Descartes reafirma relaciones que había establecido a partir de 1622 con otros intelectuales, como Marin Mersenne y Guez de Balzac, así como con un círculo conocido como "los libertinos". En esta época sus amigos propagan su reputación, hasta el punto de que su casa se convirtió entonces en un punto de reunión para quienes gustaban discutir y discurrir; con todo ello su vida parece haber sido algo agitada, pues en 1628 libra un duelo, tras el cual comentó que “no he hallado una mujer cuya belleza pueda compararse a la de la verdad”. El año siguiente, con la intención de dedicarse por completo al estudio, se traslada definitivamente a los Países Bajos, donde llevaría una vida modesta y tranquila, aunque cambiando de residencia constantemente para impedir que se supiera su paradero. Descartes permanece allí hasta 1649, viajando si embargo en una ocasión a Dinamarca y en tres a Francia).
La preferencia de Descartes por Holanda parece haber sido bastante acertada, pues mientras en Francia muchas cosas podrían distraerlo y había escasa tolerancia, las ciudades holandesas florecían gracias al comercio y grupos de burgueses potenciaron las ciencias fundándose la academia de Ámsterdam en 1632. Entre tanto, el centro de Europa se desgarraba en la Guerra de los Treinta Años, que sólo terminaría en 1648.
En 1629 Descartes se inscribe como alumno en la Universidad de Leiden y el año siguiente, en la de Franeker. En 1633, al enterarse de la condena de Galileo, Descartes suspende sus planes de publicar una obra que aparecerá póstumamente en dos partes (El mundo y El hombre). A partir de entonces Descartes reafirma su resolución de guardar una estricta reserva: en 1634 le escribe a Mersenne que su divisa es “vive bien quien bien se esconde” (bene vixit qui bene latuit). Sin embargo, esto no lo disuadió de publicar, pues en 1637 da al público tres ensayos científicos precedidos por el Discurso del Método.
En 1635, fruto de una relación con la empleada de servicio, nació una pequeña a qien llamó Francine y que murió a los cinco años, mientras Descartes hacía planes para educarla en Francia. También en 1635 conoce al secretario del príncipe de Orange, Constantijn Huygens, a cuyo hijo Christiaan enseña matemáticas. Esta amistad le sería útil cuando en 1643 enfrentó la hostilidad de unos teólogos protestantes encabezados por el belicoso Voët, quienes consiguieron que la Universidad de Utrecht proscribiera sus doctrinas y lo obligaron a pasar unos meses en Francia. Otra amistad que fué importante para él fué la de Isabel, hija de los destronados y empobrecidos reyes de Bohemia, con quien mantuvo una interesante correspondencia. En 1649 y probablemente con la intención de conseguir ayuda para su amiga Isabel, Descartes acepta el llamado de la reina Cristina de Suecia.
Ésta le concede libertad a Descartes durente el otoño, pero en invierno le pide lecciones a las cinco de la madrugada. Descartes muere ese mismo invierno, en febrero, victima de una afección pulmonar.
En el sistema de Descartes, la filosofía engloba todas las ciencias. Es como un árbol cuya raíz es la metafísica, el tronco es la física y las ramas son las demás ciencias que, en lo esencial, reduce a tres: medicina, artes mecánicas y moral.
Como científico, Descartes produjo al menos dos importantes revoluciones. En matemáticas simplificó las notaciones algebraicas y creó la geometría analítica. Fue el creador del sistema de coordenadas cartesianas lo cual abrió el camino al desarrollo del cálculo diferencial e integral por el matemático y físico inglés Sir Isaac Newton y el filósofo y matemático alemán Gottfried Leibniz.
En física, el sistema propuesto por Descartes consiguió desplazar al aristotélico, al proporcionar una explicación unificada de innumerables fenómenos, ópticos, astronómicos, el magnetismo, etc. De este modo sentó los principios del determinismo físico y biológico, así como de la psicología fisiológica.
Obras
Su primera obra fue "Reglas para la dirección del espíritu" (1628-1629) (póstuma). Luego escribió "El mundo" o "Tratado de la luz" y "El hombre" (1630-1633). En 1637 publicó el Discurso del método seguido de tres ensayos: "Dióptrica", "Geometría" y "Meteoros". Estas se consideran sus primeras obras de importancia.
En 1641 publicó las Meditaciones metafísicas, que de nuevo aparecieron en 1642 acompañadas de un conjunto ampliado de Objeciones y respuestas. Hacia 1642 puede fecharse también un diálogo, "La búsqueda de la verdad mediante la razón natural" (póstumo).
En 1647 aparecen los "Principios de filosofía". Por último, en 1649 se publican "Las pasiones del alma".
En 1648 Descartes le concede una entrevista a Burman, un joven estudiante de teología, quien le hace interesantes preguntas sobre sus textos filosóficos. Burman registra detalladamente las respuestas de Descartes, y éstas usualmente se consideran genuinas.
De Descartes también se conserva una copiosa correspondencia y algunos esbozos y otros opusculos que dejó inéditos.
La edición de referencia de sus obras es la que prepararon Charles Adam y Paul Tannery a fines del S. XIX e inicios del XX, y a la que los comentaristas usualmente se refieren como (AT).
Filosofía
Al menos desde tiempos de Hegel, Descartes es considerado como el padre de la filosofía moderna. De hecho, los principales filósofos que lo sucedieron estudiaron con profundo interés sus teorías, sea para desarrollar sus resultados, o para objetarlo. Este es el caso de Spinoza, Leibniz, Malebranche, Locke e incluso Kant. Sin embargo, esta manera de juzgarlo no debe impedir la valoración de los estrechos vínculos que mantiene con los grandes filósofos clásicos, Platón y Aristóteles. Suele pensarse que desarrolló su nueva filosofía tomando como modelo los procedimientos deductivos de las ciencias exactas, concretamente de la aritmética y la geometría. Sin embargo, su método también puede interpretarse como basado en la aplicación de la idea clásica de una prueba dialéctica. En su investigación de la verdad, Descartes únicanente considera verdadero aquello de lo que que hay certeza (es decir, las ideas indudables), excluyendo, hasta no someterla al juicio de la razón, la supuesta verdad preestablecida, si ésta careciera de demostraciones rigurosas.
Como filósofo, este autor puede considerarse como continuador de la investigación clásica, tal como había quedado planteada por Platón y Aristóteles. Su principal proyecto es diafanar las bases del conocimiento, en particular aquél de índole filosófica, para a partir de allí atender las otras preguntas funadmentales. Su manera de escribir puede considerarse como intencionalmente críptica, y la comprensión de sus obras exige la participación activa del lector.
Otra postura apoyada por Descartes es la evidencia de la libertad, que afirma que actuar libre y voluntariamente es algo evidente por sí mismo. Por lo tanto, defiende la existencia de la libertad.
Descartes fue considerado el filósofo de la duda porque pensaba que había que dudar de todo lo que fuera posible dudar. Estableció tres niveles de duda: el primero consistía en dudar de los sentidos; el segundo, en dudar de si algo es real o es un sueño; y el último dice que hay un ser superior que nos puede engañar en cualquier momento.
Sin embargo, la duda no se entiende como un fin en sí mismo. Al contrario, es un medio para alcanzar el conocimiento cierto. Se trata de una duda metódica: al dudar de todo lo que se pueda dudar lo que queda es lo indudable, lo absolutamente cierto. Esta certeza absoluta se materializa en la proposición fundamental del sistema cartesiano: "Pienso, luego existo" (Cogito ergo sum).
Teoría de las tres substancias
La sustancia es aquello que existe por si mismo,que se vale por si mismo, sin necesidad de otra cosa, es decir, es aquello autosubsistente. Propiamente podemos decir que Descartes es solo sustancia. Hay dos tipos de sustancia para Descartes, la infinita y la finita.
- Sustancia infinita, es Dios, es la "res infinita", en ella se encuentra la idea de perfección, la idea del bien. El Dios cartesiano, no es como el cristiano, tiene como principal objetivo, reforzar el planteamiento de Descartes, un mundo de las ideas verídico, que no nos enganyará, no como el mundo de los sentidos, que nos lleva a la confusión.
- La sustancia finita, no es del todo autosubsistente como la infinita. De sustancias finitas encontramos dos, la "res cogitans" y la "res extensa". La "res cogitans" es la sustancia pensante, el alma. La "res extensa", es la parte fisica, el cuerpo.
Estas dos sustancias finitas, nos invitan a un mundo dualista de Descartes. Para llegar de una realidad a otra, del cuerpo al alma, Descartes menciona que hay una glándula en el cerebro humano, la "Glándula Pineal".
Discurso del Método
Descartes consideraba que aunque la lógica tenía muchos preceptos, era suficiente con cuatro:
- El primero consistía en no admitir nunca algo como verdadero sin conocer con certeza que así es. Es decir, no admitir la precipitación y la prevención.
- El segundo, en dividir las dificultades que tenemos en tantas partes como sea posible para solucionarlas mejor.
- El tercero, en conducir con orden nuestros pensamientos, empezando por los más simples hasta los más complejos.
- Y el último, en hacer siempre revisiones amplias para estar seguros de no haber omitido nada.
Enlaces externos
- [http://gutenberg.net/etext/59 Discurso del Método] - en el Proyecto Gutenberg (en Inglés)
- [http://www.biblioweb.org/-DESCARTES-Rene-.html Biblioweb.org/-DESCARTES-Rene]
Descartes, RenéDescartes, René
Descartes, René
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Siglo de las Luces
Se denomina habitualmente Ilustración o Siglo de las Luces a la corriente intelectual de pensamiento que dominó Europa y en especial Francia durante casi todo el siglo XVIII y que arranca del Racionalismo y del Empirismo del siglo XVII para concluir en la Revolución Industrial del siglo XVIII, la Revolución Francesa y el Liberalismo. La expresión estética de este movimiento intelectual se denominará Neoclasicismo.
Introducción
Existen precedentes de la Ilustración en Inglaterra y Escocia a fines del siglo XVII, pero el movimiento se considera ingénitamente francés. Asimismo, la Ilustración tuvo también una expresión estética, denominada Neoclasicismo. Desde Francia, donde madura, se extiende por toda Europa y América y renovó especialmente las ciencias, la filosofía y la Política; sus aportaciones han sido más discutidas en el terreno de las artes y la literatura.
literatura]
El término Ilustración se refiere específicamente a un movimiento intelectual histórico. Este movimiento abogaba por la razón como la forma de establecer un sistema autoritario ético, estético y de conocimientos. Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía (periodo que ellos creían iniciado durante la llamada «Edad Oscura»). Este movimiento trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían las revoluciones americana y francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo. En la música estaba acompañado por el movimiento barroco, y en las artes, por el movimiento neoclásico.
Otro destacado movimiento filosófico del siglo XVIII, íntimamente relacionado con la Ilustración, se caracterizaba por centrar su interés en la fe y la piedad. Sus partidarios trataban de usar el racionalismo como vía para demostrar la existencia de un ser supremo. En este periodo, la fe y la piedad eran parte integral en la exploración de la filosófia natural y la ética, además de las teorías políticas del momento. Sin embargo, prominentes filósofos ilustrados como Voltaire y Jean-Jacques Rousseau cuestionaron y criticaron la misma existencia de instituciones como la Iglesia y el Estado.
El siglo XVIII vio también el continuo auge de las ideas empíricas en la filosofía, ideas que eran aplicadas a la política económica, al gobierno y a ciencias como la física, química y biología.
El inicio del movimiento filosófico
Según muchos historiadores, los límites de la Ilustración alcanzan la mayor parte del siglo XVII, aunque otros prefieren llamar a esta época la «Era de la Razón». Ambos periodos se encuentran en cualquier caso unidos y emparentados, e incluso es igualmente aceptable hablar de ambos periodos como de uno sólo.
A lo largo del siglo XVI y XVII, Europa se encontraba envuelta en guerras de religión. Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de Westfalia y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las nociones de fe y misticismo en las revelaciones individuales como la fuente principal de conocimiento y sabiduría. En lugar de esto, la «Era de la Razón» trató entonces de establecer una filosofía basada en axiomas, y el absolutismo como bases para el conocimiento y la estabilidad.
Este objetivo de la «Era de la Razón», que estaba construido sobre axiomas, alcanzó su madurez con la ética de Baruch Spinoza, que exponía un visión panteística del universo donde Dios y la Naturaleza eran uno. Esta idea se convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Newton hasta Jefferson.
La Ilustración estaba influenciada en muchos sentidos por las ideas de Pascal, Leibniz, Galileo y otros filósofos del periodo anterior. El pensamiento europeo atravesaba por una ola de cambios, ejemplificados por la filosofía natural de Sir Isaac Newton, un genio matemático y físico brillante. Las ideas de Newton, que combinaba su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo posterior tras la publicación de sus Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.
Pero Newton no estaba solo en su revolución sistemática pensadora, sino que era síplemente el más famoso y visible de sus ejemplos. Las ideas de leyes uniformes para los fenómenos naturales se reflejaron en una mayor sistematización en una variedad de estudios. Si el periodo anterior fue la era del razonamiento sobre los principios básicos, la Ilustración se dedicó a buscar en la mente de Dios mediante el estudio de la creación y por la deducción de las verdades básicas del mundo. Esta visión de algún modo puede haber llegado hasta nuestros días, en los que la creencia de los individuos en las verdades es más provisional, pero en aquel momento, la verdad era una noción poderosa, que contenía las nociones básicas sobre la fuente de la legitimidad de las cosas.
La filosofía ilustrada
Las características culturales de la ilustración son, fundamentalmente, las siguientes:
Antropocentrismo
Hay un nuevo Renacimiento en que todo gira en torno al hombre, y más en torno a su razón material y sensible al mundo que en torno a su espíritu sensible a Dios, de forma aún más pronunciada que en el siglo XVI, si bien el papel que entonces jugó Italia lo desempeña esta vez Francia. La fe se traslada de Dios al hombre: hay confianza en lo que éste puede hacer. Se formula la filosofía del optimismo (Leibnitz) frente al pesimismo característico de la Edad Media y el Barroco. La sociedad se seculariza y Dios empieza a perder definitivamente la importancia que en todos los órdenes ha tenido hasta ahora. Empiezan a formularse las expresiones más tibias de espiritualidad: nihilismo libertino (Casanova, Choderlos de Laclos), Masonería, deísmo (Voltaire), agnosticismo; incluso se formulan ya claramente las propuestas del ateísmo (Pierre Bayle, Baruch Spinoza, Holbach) y el satanismo (Marqués de Sade, etc). La atención a los aspectos más oscuros del hombre constituye lo que ha venido a llamar "la cara oscura del siglo de las luces".
Racionalismo
Todo se reduce a la razón y la experiencia sensible, y lo que ella no admite no puede ser creído. Durante la Revolución Francesa, incluso, se rindió culto a la «diosa Razón», que se asocia con la luz y el progreso del espíritu humano (Condorcet). Las pasiones y sentimientos son un mal en sí mismos. Todo lo desprovisto de armonía, todo lo desequilibrado y asimétrico, todo lo desproporcionado y exagerado se considera monstruoso en estética.
Hipercriticismo
Los ilustrados no asumen sin crítica la tradición del pasado y por ello desdeñan toda superstición y superchería considerándolos signos de oscurantismo: es preciso depurar el pasado de todo lo que es oscuro y poco racional. La historia se empieza a documentar con rigor y las ciencias se vuelven empíricas y experimentales.
experimentales]]
Pragmatismo
Sólo lo útil merece hacerse: las literaturas y las artes han de tener un fin útil, que puede ser didáctico (enseñanza), moral (depurar de las insanas pasiones) o social (sátira de las malas costumbres, para corregirlas). De ahí que entren en crisis géneros como la novela o que se cultiven las novelas de aprendizaje y que se pongan de moda las fábulas, las enciclopedias, los ensayos, las sátiras, los informes. El teatro pretende corregir las costumbres con la comedia y limpiar de pasiones el alma con la tragedia.
Imitación
La originalidad se considera un defecto, y se estima que se pueden lograr obras maestras «con receta», imitando lo mejor de los autores grecorromanos, que se constituyen en modelos para la arquitectura, la escultura, la pintura y la literatura. El academicismo impera en el terreno artístico y sofoca toda creatividad. El buen gusto es el criterio principal y se excluye lo imperfecto, lo feo, lo decadente, lo supersticioso y oscuro, la violencia, la noche, las pasiones desatadas y la muerte. El teatro debe someterse a las reglas de las tres unidades estatuidas por Aristóteles: unidad de acción, lugar y tiempo; es más, los franceses añaden la unidad de estilo.
Idealismo
El buen gusto exige rechazar lo vulgar: no se cuenta con los criterios estéticos del pueblo y la realidad que ofrece la literatura es mejor de lo que la realidad es, es estilizada, neoclásica. El lenguaje no admite groserías ni insultos, no se presentan crímenes, y todo es amable y elevado. Se excluye lo temporal y lo histórico, el cambio, de la cosmovisión ilustrada.
Universalismo
Los ilustrados asumen una tradición cultural cosmopolita y todo tipo de tradiciones en la horma grecorromana que les sirve de fuente principal. Sienten interés por lo exótico, pero no lo asumen. Todo lo francés se pone de moda y poseer la lengua francesa se transforma en un signo de distinción: el arte y la cultura francesa influye en Alemania, España y Rusia.
Los pensadores ilustrados
Rusia]
La filosofía se inspirará en el Racionalismo de René Descartes, Gotfried Leibnitz y Baruch Spinoza y en el Empirismo de David Hume, John Locke y George Berkeley. La metafísica experimentará una gran crisis y quedará completamente desprestigiada tras la obra monumental de Inmanuel Kant: Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio. Los filósofos enciclopedistas Denis Diderot, Voltaire, Jean Jacques Rousseau y Montesquieu renovarán el panorama intelectual. Voltaire atacará el clericalismo, mostrará las contradicciones de la religión, divulgará la ciencia racionalista de Newton, pondrá de moda la relatividad cultural y propugnará la tolerancia como el mayor valor ético. Rousseau divulgará la idea del pacto social y la necesidad de la división de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Afirmará además que todos los hombres son iguales y es la sociedad la que le da el papel a cada uno. Después vendrá una segunda generación ilustrada, la de los llamados ideólogos, con figuras como Condillac, Condorcet, Destutt de Tracy, Holbach, Maupertuis, etc.
El impacto social
Todo el movimiento filosófico tiene su expresión en el resto de los órdenes de la vida social nacional y europea. En política surge el despotismo ilustrado que llevará pronto, aún a su pesar, a la teoría de la separación de poderes. Se subordina el poder religioso al civil (secularización) y dentro del religioso aparecen las primeras señales de independencia de las iglesias nacionales respecto al absolutismo del papa (regalismo) y aparece el concepto de contrato social que se hará fuerte con Rousseau y el socialismo utópico. Para los ilustrados, el destino del hombre es la felicidad, y la propia Constitución de Estados Unidos acogerá este propósito como uno de los derechos de los ciudadanos. Hacia el final del siglo el liberalismo, con la Revolución Francesa a partir de 1789 aunque iniciado en Gran Bretaña de forma menos traumática con las ideas de John Locke, Adam Smith, Jeremías Bentham y John Stuart Mill, expande las conquistas sociales de la Ilustración por Europa y Norteamérica, dándose fin al Antiguo Régimen. Acaba la sociedad estamental que se viene arrastrando desde el feudalismo y emerge una nueva clase social, la burguesía, que adquiere consciencia de su poder económico y su impotencia política, de forma que conquistará el gobierno de su destino a lo largo del siglo siguiente a través de diversas revoluciones (1820, 1830, 1848) en que va ampliando su presencia en los órganos políticos del estado relegando a la aristocracia a un papel subalterno.
aristocracia]
En la religión se realizan las primeras formulaciones del deísmo, el ateísmo y el satanismo y se estudia la naturaleza desde el punto de vista científico, abandonando las viejas concepciones. En Geografía se termina de cartografiar todo el globo, a excepción de los círculos polares y algunas regiones de África. En el arte se abre paso el Neoclasicismo que se enfrentará al Romanticismo del siglo XIX. En física, óptica y matemáticas los avances son impresionantes gracias a las contribuciones de sir Isaac Newton y otros estudiosos. Surge la Economía política como ciencia moderna gracias a las aportaciones de los fisiócratas y sobre todo del liberalismo de Adam Smith y su monumental obra La riqueza de las naciones.
Denis Diderot, René Descartes, Immanuel Kant, Voltaire, Isaac Newton, John Locke, Thomas Hobbes, Baruch Spinoza y Jean Antoine Cordorcet entre otros.
Véase también
- La Ilustración en España
Categoría:Sistemas filosóficos
Categoría:Historia de Europa
ja:啓蒙時代
ko:계몽주의
th:ยุคแสงสว่าง
Romanticismo]
El Romanticismo fue un movimiento estético que se originó en Alemania a fines del siglo XVIII como una reacción al racionalismo de la Ilustración y el Neoclasicismo, dándole preponderancia al sentimiento. Se desarrolló fundamentalmente en la primera mitad del siglo XIX, extendiendose desde Alemania a Inglaterra, Francia, Italia, España, Rusia, Polonia, Estados Unidos y las recién nacidas repúblicas hispanoamericanas. Posteriormente, se fragmentó o transformó en diversas corrientes, como el Parnasianismo, el Simbolismo, el Decadentismo o el Prerrafaelismo, subsumidas en la denominación general de Posromanticismo, una derivación del cual fue el llamado Modernismo hispanoamericano y español. Tuvo fundamentales aportaciones en los campos de la literatura, el arte y la música. Posteriormente, una de las corrientes vanguardistas del siglo XX, el Surrealismo, llevó al extremo los postulados románticos.
El vocablo
La palabra romanticismo viene del adjetivo inglés romantic. Término que se comezó a usar alrededor del siglo XVII en Inglaterra para señalar la naturaleza aventurera de las novelas de caballería llamadas romance. En Francia, también existía el término roman, cuya significación era la misma.
Posteriormente, la palabra tuvo un cambio semántico, designando al sentimiento que inducía los paisajes, y los castillos en ruinas. John Evelyn en el año de 1654, alude dichos paisajes con el calificativo de "un paisaje muy romático" referiendóse a los alrededores de Bath. Similarmente en el año de 1666, Samuel Pepys describe un castillo como "el más romático".'
El Romanticismo en los diversos países
El Romanticismo alemán se inició con el movimiento estético denominado Sturm und Drang ('tempestad y arrebato'). Posteriormente lo asumieron autores más importantes como Friedrich Hölderlin, Friedrich Schiller, Johann Wolfgang von Goethe, Novalis o Klopstock. Posromántico se puede considerar a Heinrich Heine.
El Romanticismo francés tuvo su manifiesto en De l'Allemange (1813), de Madame de Staël, aunque tuvo por precursor en el siglo XVIII a Juan Jacobo Rousseau. En el siglo XIX, Charles Nodier, Víctor Hugo, Alphonse de Lamartine, Alfred Victor de Vigny y Alfred de Musset son los mayores representantes de esta estética literaria.
El Romanticismo comenzó en Inglaterra casi al mismo tiempo que en Alemania ; en el siglo XVIII ya habían dejado sentir un cierto apego escapista por la Edad Media y sus valores poetas falsarios inventores de heterónimos medievales como James Macpherson o Thomas Chatterton, pero el movimiento surgió a la luz del día con los llamados poetas lakistas (Wordsworth, Coleridge, Southey), y su manifiesto fue el prólogo de Wordsworth a sus Baladas líricas, aunque ya lo habían presagiado en el siglo XVIII Young con sus Pensamientos nocturnos o el originalísimo William Blake. Lord Byron y Percy Bysse Shelley son los poetas canónicos del Romanticismo inglés. Después vinieron el narrador Thomas de Quincey, y Elisabeth Barret Browning y su marido Robert Browning, este último creador de una forma poética fundamental en el mundo moderno, el monólogo dramático. En narrativa destacan las novelas sobre la Edad Media inglesa de Walter Scott o las novelas góticas El monje de Lewis o Melmoth el Errabundo, de Charles Maturin.
El Romanticismo italiano tuvo su manifiesto en la Lettera semiseria de Grisóstomo del Berchet (1816) y destaca, sobre todo, por la figura de los poetas Ugo Fóscolo, autor del famoso poema Los sepulcros, y Giácomo Leopardi, cuyo pesimismo se vierte en composiciones como El infinito o A Italia. El romanticismo italiano tuvo también una gran novela histórica, I promesi sposi (Los novios), de Alessandro Manzoni.
El Romanticismo estadounidense, salvo precedentes como William Cullen Bryant, proporcionó a un gran poeta, Edgar Allan Poe creador de una de las corrientes fundamentales del Posromanticismo, el Simbolismo), y a James Fenimore Cooper (discípulo de las novelas históricas de Scott). Se puede considerar un posromántico el originalísimo ensayista Henry David Thoreau, introductor de ideas anticipadas a su tiempo como la no violencia y el ecologismo, y autor del famoso ensayo Sobre la desobediencia civil.
En Rusia, el Romanticismo supuso toda una revolución, pues autorizó como lengua literaria el hasta entonces poco cultivado idioma ruso. El artífice de esta moda fue el gran poeta Alejandro Pushkin, acompañado de numerosos seguidores e imitadores.
En Portugal introdujeron el Romanticismo Almeida Garret y Alejandro Herculano; puede considerarse posromántico al gran poeta Antero de Quental.
En España la ideología romántica entró muy pronto, pero el lenguaje romántico propiamente dicho tardó en ser asimilado, porque se asociaba estrechamente con contenidos ideológicos que se consideraban emparentados con el Siglo de Oro y la propia tradición absolutista española. Pero cuando los románticos liberales españoles, emigrados por vicisitudes políticas, entraron en contacto con el Romanticismo europeo, trajeron ya ese lenguaje a la muerte del rey Fernando VII en 1833. Destacan especialmente el cubano José María de Heredia, José de Espronceda (el más genuinamente byroniano), el periodista Mariano José de Larra y José Zorrilla (poeta y autor dramático autor de la famosa pieza Don Juan Tenorio). Poetas posrománticos pueden considerarse Gustavo Adolfo Bécquer, la gallega Rosalía de Castro y Jaime Ferrán, que tuvieron un contacto más directo con la lírica germánica de Heinrich Heine.
En Rumania, su máximo exponente fue Mihai Eminescu.
Características
El Romanticismo fue una reacción contra el espíritu racional e hipercrítico de la Ilustración y el Neoclasicismo, y favorecía ante todo la supremacía del sentimiento frente a la razón, del liberalismo frente al despotismo ilustrado, de la originalidad frente a la tradición grecolatina, de la creatividad frente a la imitación neoclásica y de la obra imperfecta, inacabada y abierta frente a la obra perfecta, concluida y cerrada. Es propio de este movimiento un gran aprecio de lo personal, un subjetivismo e individualismo absoluto, un culto al yo fundamental, frente a la universalidad y sociabilidad de la ilustración en el siglo XVIII; en ese sentido los héroes románticos son con frecuencia prototipos de rebeldía (Don Juan, el pirata, Prometeo) y los autores románticos quebrantan cualquier normativa o tradición cultural que ahogue su libertad, como por ejemplo las tres unidades aristotélicas (acción, tiempo y lugar) y la de estilo (mezclando prosa y verso y utilizando polimetría en el teatro), o revolucionando la métrica y volviendo a rimas más libres y populares como la asonante. Igualmente renuevan los temas y los ambientes, y por contraste al Siglo de las luces prefieren los ambientes nocturnos y luctuosos, los lugares sórdidos y ruinosos y veneran y buscan las historias fantásticas y la superstición que los ilustrados y neoclásicos ridiculizaban. Un aspecto del influjo del nuevo espíritu romántico y su cultivo de lo diferencial es el auge que tomaron el estudio de la literatura popular (romances o baladas anónimas, cuentos tradicionales, coplas, refranes) y las literaturas en lenguas regionales durante este periodo: la gaélica, la escocesa, la provenzal, la bretona, la catalana, la gallega, la vasca... Este auge de lo nacional y del nacionalismo fue una reacción a la cultura francesa del siglo XVIII, de espíritu clásico y universalista, dispersada por toda Europa mediante Napoleón.
El Romanticismo expandió también y enriqueció el limitado lenguaje del Neoclasicismo dando entrada a lo exótico y lo extravagante, buscando nuevas combinaciones métricas y flexibilizando las antiguas o buscando en culturas bárbaras y exóticas o en la Edad Media, en vez de en Grecia o Roma, su inspiración. En cierto sentido, la versión más extrema del Romanticismo no respeta ni asume ninguna tradición anterior, y se dará reformulada en el siglo XX con el nombre de Surrealismo.
Géneros románticos
De forma diferente a la Ilustración dieciochesca, que había destacado en los géneros didácticos, el Romanticismo sobresalió sobre todo en los géneros lírico y dramático (en este se crearon géneros nuevos como el drama romántico. Pero también se crearon algunos géneros nuevos en narrativa, como la novela histórica, fruto del escocés Walter Scott, la novela gótica o novela de terror, la novela de ciencia-ficción (anglicismo que cabría sustituir por ficción científica), cuya primera obra es el Frankenstein o el Moderno Prometeo de Mary Shelley), o la leyenda en prosa o verso, cultivado este último género por Zorrilla o Bécquer. Incluso el género didáctico pareció renovarse con la aparición del artículo de costumbres.
El espíritu romántico
El estilo vital de los autores románticos despreciaba el materialismo burgués y preconizaba el amor libre y el liberalismo en política, aunque hubo también un Romanticismo reaccionario, representado por Chateaubriand, que preconizaba la vuelta a los valores cristianos de la Edad Media. El idealismo extremo y exagerado que buscaba en todo el Romanticismo encontraba con frecuencia un violento choque con la realidad miserable y materialista, lo que causaba con frecuencia que el romántico acabara con su propia vida mediante el suicidio. La mayoría de los románticos murieron jóvenes. Los románticos amaban la naturaleza frente a la civilización como símbolo de todo lo verdadero y genuino.
- Literatura
- Música clásica
- Surrealismo
- Sturm und Drang
Referencia bibliográfica
- De Paz, Alfredo. La revolución romántica; poéticas, estéticas, ideologías. Traducción de María García Lozano. Madrid: Editorial Tecnos, S.A, 1986.
- Berlín, Isaiah. Las raíces del romanticismo. Edición de Henry Hardy. Buenos Aires, México, Santafé de Bogotá: Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A, 2000.
- V.V.A.A. Fragmentos para una teoría romántica del arte. Antología y edición de Javier Aranaldo. Madrid: Editorial Tecnos, 1994.
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ja:ロマン主義
Grudgefuck:This article deals with a sexual practice. For the goth rock band, see Hatesex.
Hatesex, also called hatefucking or grudgefucking, is the practice of sexual intercourse between two people who dislike or annoy each other, or have an emotionally void relationship.
Hatesex is usually a result of sexual desire created by emotional tension between the two individuals. Some say that as the tension increases, so does the level of desire. In most cases, hatesex involves heightened sexual pleasure and more eventful sexual activity. However, it may simply facilitate emotional release. Hatesex may result in the two individuals eventually forming a friendship or romantic relationship.
Some feel that the term has a basis in sexism or nonconsensual sex.
See also
- Makeup sex
Category:Sexology
Category:Sexual acts
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