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Edad Media
La Edad Media es una etapa de la Historia europea que se extiende desde la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 hasta la caída de Constantinopla (Imperio Romano de Oriente) a manos de los turcos en el año 1453 o bien hasta el Descubrimiento de América en 1492. El nombre fue puesto por la gente del Renacimiento de forma despectiva, considerada una época oscura comprendida entre dos épocas de esplendor cultural (entre la Edad Clásica y la Edad Moderna). Así, la denominación aparece ya en 1469 en una carta de Giovanni Andrea al frente de una edición romana de Apuleyo, donde se alude a los grandes conocimientos del cardenal Nicolás de Cusa en letras antiguas, medias y modernas. En 1518 se documenta media aetas y en 1604 medium aevum. Sin embargo, la ruptura con los períodos anteriores no fue total, y bajo la pátina de oscuridad y división con que se etiquetó al período medieval subyacía un sustrato cultural común y con fuertes ligaduras con la época clásica. El derecho romano, el latín, la filosofía, etc. tuvieron un fuerte desarrollo, sobre todo refugiado en los monasterios donde se conservaba buena parte del acervo cultural clásico y que forma el germen de los avances científicos y de pensamiento en el Renacimiento.
El sistema económico y político imperante era el feudalismo y la estructura de la población piramidal, los vasallos y siervos estaban en la base mientras que la nobleza y los estamentos eclesiásticos eran los más poderosos. La Edad Media es una época profundamente religiosa, había un teocentrismo dominante y los centros religiosos eran en general el único foco de la cultura, donde se conservó la historia pasada; era el único lugar donde se sabía leer y escribir. La lengua utilizada en la escritura era el latín.
Por lo regular se divide en dos periodos, llamados:
- Alta Edad Media y
- Baja Edad Media
Destacan en este período las cruzadas, el feudalismo, el establecimiento de las nacionalidades y en arte destacan dos movimientos el románico y el gótico.
- Nobleza
- Surgimiento y Consolidación de las Naciones
Categoría:Edad Media
ja:中世
simple:Middle Ages
Europa
Europa es una de las grandes penínsulas de Eurasia, situada entre los paralelos 36º y 70º de latitud norte, a la que de forma convencional y por motivos históricos es considerada un continente. Se extiende en la mitad oriental del Hemisferio Norte, desde el Océano Glacial Ártico por el norte hasta el Mar Mediterráneo por el sur. Por el oeste, llega hasta el Océano Atlántico, por el este limita con Asia, de la que la separan los montes Urales.
Etimología
Urales.]]
En la mitología griega, Europa hija de Agenor (Ευρώπη en griego) es una princesa fenicia que fue secuestrada por Zeus, convertido en toro blanco, y que la llevó a la isla de Creta a lomos, donde dio a luz a Minos. En las obras de Homero, Ευρώπη es una reina mitológica de Creta y no un término geográfico. Más tarde, la palabra pasó a significar Grecia Continental y desde el año -500 su significado contiene toda la tierra al norte.
El análisis más extendido de esta palabra lo considera como una composición de las palabras griegas eurys (“ancho”) y ops (“rostro”), pero se trata sin duda de una etimología incierta. Otros lingüistas piensan que viene de la palabra semítica ereb, que significa “ponerse el sol” (occidente). Desde una perspectiva asiática o medio-oriental, el sol se pone efectivamente en Europa, la tierra al oeste.
Geografía
sol
Geografía física
Europa tiene una extensión de 10.530.751 km², representando el 7% de las tierras emergidas.
Los puntos más altos son el monte Elbrus (Rusia) en Europa oriental (más de 5.600 m) y el Mont Blanc (Francia) en Europa occidental (más de 4.800 m).
Entre los golfos de Europa destacan el Golfo de Vizcaya (Francia-España) y el Golfo de Botnia (Suecia-Finlandia). Los estrechos europeos más importantes son el Paso de Calais (Francia-Reino Unido), el de Gibraltar (España-Marruecos), el de Dardanelos (Turquía), el del Bósforo (Turquía), el de Messina (Italia), el de Oresund (Dinamarca-Suecia), etc.
Sus principales penínsulas son la Escandinava (Suecia, Noruega), Ibérica (España, Portugal), Itálica (Italia, San Marino, Vaticano), Balcánica (Grecia, Albania); además de las penínsulas de Kola (Rusia), Jutlandia (Dinamarca), Bretaña (Francia) y Crimea (Ucrania).
Sus principales islas son:
# Gran Bretaña, con más de 218.000 km², es parte del Reino Unido (Inglaterra, Escocia y Gales).
# Islandia, con más de 103.000 km², constituída como República de Islandia.
# Irlanda, con más de 70.000 km², la mayor parte pertenece a la República de Irlanda, y la porción nororiental está ocupada por el Reino Unido.
# Sicilia, con más de 25.000 km², es parte de Italia.
# Cerdeña, con más de 24.000 km², es parte de Italia.
# Chipre, con más de 9.200 km², étnicamente es griega en el sur y turca en el extremo norte.
# Córcega, con más de 8.700 km², es parte de Francia.
# Creta, con más de 8.300 km², es parte de Grecia.
# Selandia, con más de 7.500 km², es parte de Dinamarca.
# Eubea, con más de 3.900 km², es parte de Grecia.
# Mallorca, con más de 3.600 km², es parte de España.
# Fionia, con más de 3.400 km², es parte de Dinamarca.
Geografía humana
La población europea es fenotípicamente blanca o caucásica, divididos en dos grandes grupos: los nórdicos que suelen tener una pigmentación de piel blanca clara y rosada, cabello rubio y los ojos entre azules, verdes y castaño claro, y los mediterráneos que pueden tener la piel blanca clara hasta la piel morena oscura, la mayoría es de cabello color castaño oscuro o negro, los ojos varían mucho pero en la mayor parte son de color castaños oscuros o pardos. Ambos grupos poseen individuos de cabello ondulado.
Fueron varios grupos étnicos que invadieron el continente europeo, entre ellos destacamos a los íberos, celtas, germanos, vikingos, latinos o romanos, etruscos, helénicos o griegos, eslavos, vascones, etc. considerados luego autóctonos de dicho continente, a los cuales se suma la migración desde el continente asiático (árabes, judíos, fenicios, asirios, gitanos, etc.).
En Europa en la actualidad existen otros tipos de inmigrantes, entre ellos los asiáticos del lejano oriente, los provenientes de África y los latinoamericanos.
Rusos, alemanes, franceses, británicos, italianos, españoles, polacos y túrcos son las nacionalidades más numerosas en Europa.
El rango de ciudad más poblada fluctúa dependiendo de los diferentes parámetros que sean considerados, compartiendo en términos generales esta posición las megalópolis de París (Francia), Londres (Reino Unido), Moscú (Rusia) y Estambul (Turquía).
Clima
Turquía
El continente europeo es una zona templada en su mayor parte. Su clima no solo varía de norte a sur sino también de oeste a este a causa de las corrientes de aire polar marino y polar continental, y en menor medida de las corrientes de aire tropical marino y tropical continental.
En países de la zona mediterránea como España, Italia, Grecia y el sur de Francia las temperaturas son más calurosas. Sin embargo en el interior de Europa, el efecto moderador del mar desaparece, y así los países del este de Polonia experimentan condiciones climáticas mucho más frías y secas.
En Europa podemos distinguir los siguientes climas:
- Clima mediterráneo: Entre los 30º y los 45º de latitud se puede encontrar el clima mediterráneo. De él cabe destacar la aridez que se produce durante el verano provocada por el anticiclón subtropical, y la humedad del invierno debida al frente polar. Las masas de aire que se encuentran son de tipo tropical marítimo o continental y polar marítimo. Las masas de aire polar marítimo que afectan a esta zona en primavera, otoño e invierno son las responsables de la mayor parte de las precipitaciones en este clima siendo las estaciones más lluviosas las intermedias: otoño y primavera. En invierno pueden aparecer, localmente, anticiclones térmicos. Las temperaturas son suaves, ya que durante el año apenas varían unos 15 ºC.
- Clima oceánico (o Atlántico): Es un clima que comprende las orillas del océano Atlántico y va desde Noruega hasta la costa norte portuguesa. Hacia el interior del continente el clima oceánico va desapareciendo y se convierte en clima continental. Posee una humedad constante y temperaturas moderadas sin grandes oscilaciones, las cuales aumentan de oeste a este, al aumentar la continentalidad. Las abundantes precipitaciones también disminuyen hacia el este, y en general son superiores a 1000 mm anuales con máximos en el invierno.
- Clima continental: Se caracteriza por el contraste entre las precipitaciones y altas temperaturas del verano, y el frío sequedad del invierno. Las altas temperaturas del verano hacen que la evaporación del agua que cae en forma de chaparrones sea muy alta.
- Clima de tundra: Se da entre los 60 y 80 grados de latitud, en Europa concretamente en Rusia y al norte de Noruega, Suecia y Finlandia. Se caracteriza por escasas precipitaciones (alrededor de 250 mm de media) y un frío constante con máximas de 10 ºC durante todo el año. Esto hace que el agua se acumule en cenagales y se cree una capa de hielo en el suelo que lo mantiene escaso de nutrientes y con una biodiversidad baja.
- Climas de montaña: En el clima de montaña la temperatura disminuye de 0,5 a 1ºC con cada 100 metros de altura, lo que aumenta la humedad relativa del aire y provoca precipitaciones. Este clima de montaña se caracteriza por tener vientos especiales y una mayor exposición al sol, lo cual lo diferencia del clima zonal en el que se encuentra. En la cliserie de una montaña del clima mediterráneo podemos distinguir coníferas y pradera alpina en el piso alpino, bosque de frondosas en el subalpino, robles en el montano y bosque mediterráneo en el basal. Además este tipo de montaña suelen presentar dos biocenosis en su cliserie al encontrarse en una zona de transición entre dos climas.
Vegetación
La mayor zona de vegetación de Europa, que divide la mitad del continente desde el Atlántico hasta los Montes Urales, es un cinturón de árboles de hoja caduca y coníferas: robles, arces, olmos mezclados con pinos y abetos.
Las regiones árticas de la Europa septentrional y las vertientes superiores de sus montañas se caracterizan por una vegetación de tundra, constituida fundamentalmente por líquenes, arbustos y flores salvajes.
Las temperaturas del interior de la Europa septentrional, más suaves pero aún frías, crean un ambiente favorable para el desarrollo de coníferas como el pino, aunque también hay abedules y álamos.
La mayor parte de la gran llanura europea está cubierta de prados.
Ucrania se caracteriza por la estepa, una región llana y seca de hierba corta.
Las zonas cercanas al Mediterráneo, destacan por los frutos de algunos de sus árboles y arbustos, especialmente las olivas, los cítricos, los higos y la uva.
Pueblos europeos
Lenguas
Mediterráneo
En el continente europeo existen varios idiomas con diferentes procedencias. Entre ellos destacamos:
- Del grupo indoeuropeo:
- Las lenguas romances, procedentes del latín: castellano o español, francés, occitano, sardo, italiano, rumano, portugués, asturleonés, gallego, catalán, retorrománico (grisón o romance) y francoprovenzal.
- Las lenguas germánicas: inglés, holandés, alemán, bajo sajonés, frisón, sueco, danés, noruego, islandés, escocés, feroés
- Las lenguas eslavas: bosnio, búlgaro, ruso, polaco, checo, bielorruso, ucraniano, sorabo,serbocroata, esloveno y macedonio.
- Las lenguas célticas: irlandés, gaélico escocés, galés, bretón, córnico y manés.
- Las lenguas bálticas: letón, lituano
- Otras lenguas indoeuropeas: griego, albanés
- Del grupo ugro-finés: finés, estonio y húngaro.
- Turco
- Lapón
- Vasco.
Las cinco lenguas más usadas son el inglés, el ruso, el alemán, el francés y el italiano.
Religión
Vasco
Se pueden distinguir de modo general tres conjuntos religiosos:
- La Europa del Norte protestante (Reino Unido, Escandinavia, Alemania del Norte)
- La Europa del Este ortodoxa (Grecia, Rusia, Ucrania, Rumania, Serbia)
- La Europa del Sur, del Oeste y del Centro católica (Portugal, España, Italia, Francia, Bélgica, Alemania del Sur, Polonia, Austria)
Los católicos son mayoritarios en 23 países, los ortodoxos en 10 países, los protestantes en 9 países y los musulmanes en 3 países (Bosnia-Herzegovina, Albania, Turquía)
Existen minorías religiosas dentro de estos grandes conjuntos:
- Los judíos están presentes en Europa desde el Imperio Romano, han sido perseguidos desde la Edad Media y durante la Segunda Guerra Mundial (ver Solución final).
- Los musulmanes están fuertemente presentes en los Balcanes, antiguamente bajo el Imperio Otomano (Albania, Bosnia, Kosovo, Macedonia), en Turquía y, como consecuencia de la inmigración, en Francia, Reino Unido, Alemania, España, Países Bajos, Bélgica…
- Las religiones extremas orientales, que están experimentando un éxito creciente, por gusto al exotismo o por las comunidades asiáticas que emigraron a Europa.
- El ateísmo es minoritario. Antiguamente en Albania, la religión estaba prohibida: según la obra de J. Baudérot, Religión y laicidad en la Europa de los 12, 1994, página 259: un cuarto de la población de la Unión Europea sería «no religiosa» y el 5 % de los europeos serían ateos. Una encuesta llevada a 21 países sobre 21 000 personas y publicada en diciembre de 2004 anunció que el 25 % de los europeos del oeste se declaran ateos contra un 12 % en los países de Europa Central y Oriental. Según esta encuesta publicada en el Wall Street Journal, versión europea, el 4 % de los rumanos y el 8 % de los griegos se declaran ateos. Al contrario, el 49 % de los checoslovacos y el 41 % de los holandeses son ateos. Según una reciente encuesta del CIS (El Mundo, julio de 2005), el 82,4 % de los españoles se declaran católicos y el 47,7 % de ellos practicantes.
Durante mucho tiempo, el continente ha estado enfrentado por la intolerancia religiosa y las guerras religiosas.
Demografía
Ver: Demografía de la Unión Europea, Migración en la Unión Europea.
Ciudades y metrópolis
Migración en la Unión Europea
Ver: Aglomeraciones urbanas en la Unión Europea
Lisboa fue una de las primeras metrópolis cosmopolitas del mundo en tiempos del imperialismo, ya que fue el centro de un gran imperio colonial. Aún en 1950, sólo cuatro ciudades de la Unión Europea actual se encontraban en la lista de las veinte mayores del mundo, y desde entonces apenas crecen las ciudades europeas, es más, pierden habitantes. Estas cuatro ciudades eran Londres, París, Milán y Nápoles.
Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, las ciudades del mundo restante, especialmente las de los países en vías de desarrollo, aceleraban enormemente su población, por ejemplo: Ciudad de México, Manila o São Paulo.
La siguiente tabla muestra las mayores metrópolis en Europa (no se muestran las conurbaciones).
Cultura
Ver: Cultura en la Unión Europea
Historia
Artículo principal: Historia de Europa
Según la teoría más aceptada actualmente, todos los seres humanos proceden de África y de allí fueron llegando a Europa varias especies humanas. Al Hombre de Neanderthal se le considera única especie humana autóctona de Europa, la cual desapareció misteriosamente ante la presencia y surgimiento del Hombre de Cro-Magnon. De todas ellas sólo ha sobrevivido hasta la actualidad el Homo sapiens sapiens (descendiente directo del Hombre de Cro-Magnon): común denominador entre Europa y todas las demás regiones del mundo.
La antigüedad clásica está dominada por el influjo de la civilización greco-latina sobre el resto de Europa. La fragmentación política de Europa y los sucesivos intentos forzados de unificación sumieron al continente en numerosos conflictos y guerras durante la edad media, como la Guerra de los Cien Años (que duró más de un siglo). La edad moderna marca para Europa el inicio de procesos que mucho después darán lugar a la globalización, y es el tiempo en el que los conflictos bélicos se hicieron cada vez más desastrozos, como la llamada Guerra de los Treinta Años. Los procesos económicos y el desarrollo científico y tecnológico se aceleró en desmedro de otros continentes de manera mucho más notoria durante la edad contemporánea, produciendo tensiones por competencias que desencadenaron más guerras (como las Guerras Napoleónicas y las guerras mundiales). Hoy los procesos tendentes a la unificación se procuran pacíficamente, tal es el caso de la Unión Europea, si bien no excenta de avances y retrocesos.
División política
Desde comienzos de la década de 1990, Europa ha visto cambiar su división política de manera considerable como consecuencia de la caída de la URSS y el desmembramiento de Yugoslavia.
Ver: Entorno natural de la Unión Europea
Economía
Ver: Economía de la Unión Europea
Problemas ambientales
Economía de la Unión Europea
El 1 de enero de 2005 entró en vigor la nueva norma europea para limitar la contaminación atmosférica: las ciudades de más de 250 000 habitantes de la Unión Europea no deben superar ciertos valores límites: 50 microgramos (0,05 mg) de partículas por metro cúbico de aire ambiental debe ser el umbral máximo para 35 días al año, y el valor medio anual no debe superar los 40 microgramos. Sin embargo, las normas anti-contaminación ya en vigor no eran respetadas: en 2002, 11 países de 15 habían superado el margen autorizado.
Buena parte del centro de Europa padece lluvia ácida, debida al alto grado de industrialización de la zona.
La contaminación marítima también es un gran problema, generada por el turismo, el vertido de sustancias contaminantes al mar, como metales pesados (cromo, plomo...), pesticidas, aguas fecales, fertilizantes a base de nitratos y fosfatos, que favorecen la proliferación de algas (ver eutrofización), accidentes de petroleros...
De entre los mares más contaminados podemos destacar el Mar Mediterráneo, el Mar Adriático, el Mar del Norte y el Mar Báltico. Por ejemplo, el mar Adriático es diez veces más rico en fosfatos que la media, como consecuencia de los vertidos procedentes de la cuenca del río Po.
Tampoco se debe menospreciar la contaminación causada por la marina y la navegación. Se calcula que los barcos pesqueros tiran al mar anualmente cerca de 150.000 toneladas de sedal, redes de plástico... Estos residuos, al no ser fácilmente degradables dañan a los animales marinos, que intentan comérselos o se enredan en ellos.
Véase también
- Agencia Europea de Medio Ambiente
- Consejo de Europa
- Himno Europeo
- Unión Europea
- Entorno natural de la Unión Europea
- Aglomeraciones urbanas en la UE
Categoría:Continentes
Categoría:Geografía de Europa
als:Europa
ja:ヨーロッパ
ko:유럽
ms:Eropah
roa-rup:Evropa
simple:Europe
th:ทวีปยุโรป
zh-min-nan:Europa
Imperio Romano:Este artículo se refiere al Imperio Romano hasta su disolución en occidente, no a su continuación en oriente como Imperio Bizantino ni al intento de restauración en Europa central en forma del Sacro Imperio Romano (843–1806).
Sacro Imperio Romano (843–1806))]]
El Imperio Romano, con su capital en la ciudad de Roma, fue un imperio de la Antigüedad que se extendió alrededor del Mar Mediterráneo, desde el Océano Atlántico al Oeste hasta las orillas del Mar Negro, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico al Este, y desde el Desierto del Sáhara al Sur hasta las tierras boscosas a orillas de los ríos Rin y Danubio y la frontera con Caledonia (la actual Escocia), en Gran Bretaña al Norte, en el momento de su máxima extensión.
El término es la traducción de la expresión latina Imperium Romanum, que no significa otra cosa que los dominios de los ejércitos de Roma. Polibio fue uno de los primeros cronistas en documentar la expansión de Roma aun como república. En las décadas anteriores a la llegada de Augusto, Roma había adquirido numerosos dominios en forma de provincias directamente bajo administración senatorial o bajo gestión consular, y también mediante pactos de adhesión como protectorados de estados aliados. Su principal competidora en aquella época fue Cartago cuyo poder rivalizaba con el de Roma y por ello fue la primera gran víctima de la República. Las Guerras Púnicas obligaron a Roma a salir de sus fronteras naturales, la península Itálica, y poco a poco se vio encontrando con nuevos dominios que debía administrar, como Sicilia, Cerdeña, Córcega, Hispania, Iliria, etc.
Los dominios de Roma se hicieron tan extensos que pronto se hicieron difícilmente gobernables por un Senado incapaz de moverse de la capital ni de tomar decisiones con rapidez. Asimismo, un ejército creciente reveló la importancia que tenía poseer la autoridad sobre las tropas, de cara a obtener réditos políticos. Así fue como surgieron personajes ambiciosos cuyo objetivo principal fue el poder. Este fue el caso de Cayo Julio César, quien no sólo amplió los dominios de Roma conquistando la Galia, sino que desafió por primera vez la autoridad del Senado Romano.
El Imperio Romano surgió tras las guerras civiles que siguieron a la muerte de Julio César, en los momentos finales de la República Romana. Él fue, de hecho, el primer hombre que se alzó como mandatario absoluto en Roma, haciéndose nombrar Dictator (dictador). Tal osadía no agradó a los miembros del Senado Romano, que conspiraron contra él asesinándole durante los Idus de marzo en las mismas escalinatas del Senado, restableciendo así la república, pero su retorno sería efímero. El precedente no pasó desapercibido para el joven hijo adoptivo de César, Octavio Augusto, quien sería enviado años más tarde a combatir contra la ambiciosa alianza de Marco Antonio y Cleopatra.
A su regreso, la implantación del imperio resulta inevitable aun manteniendo las formas republicanas. Augusto asegura el poder imperial con importantes reformas que mantendrían su vigencia hasta la llegada de Diocleciano, quien trataría de salvar un imperio que caía hacia el abismo. Fue éste último quien, por primera vez, dividió el imperio para facilitar su gestión. El imperio se volvió a unir y a separar en diversas ocasiones siguiendo el ritmo de guerras civiles, usurpadores y repartos entre herederos al trono.
Finalmente en el 476 el hérulo Odoacro depone al último emperador de Occidente, Rómulo Augústulo. El senado envía las insignias a Constantinopla, la capital de Oriente, formalizándose así la capitulación del imperio de Occidente. El imperio oriental proseguiría varios siglos más bajo el nombre de Imperio Bizantino, hasta que en 1453 Constantinopla cayó bajo el poder otomano.
El legado de Roma fue inmenso, tanto es así que varios fueron los intentos de restauración del imperio, al menos en su denominación. Destaca el intento de Justiniano, por medio de sus generales Narsés y Belisario, el de Carlomagno así como el del propio Sacro Imperio Romano Germánico, pero ninguno llegó jamás a reunificar todos los territorios del Mediterráneo como una vez lograra la Roma de tiempos clásicos.
Con el colapso del imperio de occidente finaliza oficialmente la Edad Antigua dando inicio la Edad Media.
Con la victoria de Octavio sobre Marco Antonio, la República se anexiona de facto las ricas tierras de Egipto. A su regreso a Roma el poder de Octavio es enorme, tanto como lo es la influencia sobre sus legiones.
En el año 27 adC se restablece la normalidad política en Roma, otorgándosele por parte delSsenado el título de César Augusto así como el de Imperator (emperador), que significa vencedor en la batalla y que le convertía en comandante de todos los ejércitos. Aseguró su poder manteniendo un frágil equilibrio entre la apariencia republicana y la realidad de una monarquía dinástica tradicionalmente rechazada por la nobleza romana. Por ello, formalmente nunca aceptó el poder absoluto aunque de hecho lo ejerció, asegurando su poder con varios puestos importantes de la república y manteniendo el comando sobre varias legiones. Tras su muerte Octaviano fue consagrado como Divus (divino), lo cual le convertía a su muerte en Dios.
divino (naranja), 14 (amarillo), y 117 (Verde).]]
Los sucesores de Augusto no demostraron ser especialmente dotados, evidenciando las debilidades de un sistema dinástico hereditario. Tiberio, Calígula y Nerón fueron especialmente despóticos, dejándose llevar incluso por excesos de locura que pusieron a prueba la fortaleza del sistema consolidado bajo la sabia administración de Octavio.
Con Nerón varias legiones se rebelaron el 68 y, sin apoyos, el emperador acabó por suicidarse.
El imperio entró en una breve anarquía en la que en un mismo año (el 69) hubo cuatro emperadores conociéndose como el año de los cuatro emperadores. Tuvo que ser un general, Vespasiano, quien pusiera fin al caos. Su mandato se reveló positivo para el Imperio y salvo las rebeliones de Judea, que aplastó sin miramientos, pocos problemas graves tuvo que afrontar. Pero una vez más instaló una nueva línea dinástica que demostró nuevamente sus debilidades a la llegada de Domiciano, quien resultó ser igual o peor que los déspotas que le habían precedido. De nuevo, el sistema se impuso por encima del tirano que fue asesinado en un complot contra él.
Los emperadores adoptivos
Con la muerte de Domiciano empieza la era más grande del Imperio, el mayor periodo de estabilidad política y buena administración como nunca tuvo ni volvería a tener. Por primera vez al Senado Romano se le da la potestad de elegir sucesor y elige a Nerva el año 96. Se inicia así un periodo conocido como el de los cinco emperadores buenos ya que se suceden cinco emperadores consecutivos que resultan muy positivos en el gobierno de las extensas posesiones imperiales, así como en todas las campañas militares en las que participa Roma, resultando siempre triunfante en aplastantes victorias que llevan al Imperio al cénit de su extensión bajo el mandato de Trajano en el 117, el segundo de los cinco emperadores.
Nerva es un anciano perteneciente a la nobleza senatorial italiana y será el último emperador italiano de familia y de nacimiento. Su mayor mérito fue elegir al mejor sucesor posible, Marco Ulpio Trajano. Trajano es un patricio afincado en la Bética y ascenderá al trono en el 98 por recomendación de Nerva. Con él, el Imperio Romano consiguió su mayor extensión con las nuevas adquisiciones de la Dacia, Arabia, Mesopotamia, Asiria y Armenia. El imperio llegó a abarcar desde Gran Bretaña al Sáhara y desde la Península Ibérica al Éufrates.
Con los llamados emperadores antoninos se instauró, por vez primera, la tradición de nombrar al sucesor más dotado sin priorizar la razón hereditaria. Adriano fue el afortunado sucesor de Trajano, quien se encargó de consolidar las conquistas de éste renunciando a los ambiciosos planes de conquista de su predecesor. Devolvió Mesopotamia a los partos y afianzó la Dacia y la Britania romanas, en esta última con la construcción del famoso muro al que da nombre. Duarante el reinado de los antoninos se volvió a tener en cuenta la voz del Senado como en tiempos de Augusto, obedeciendo sus recomendaciones en la mayoría de ocasiones sin que por ello mermase el poder de los emperadores en el desempeño de sus funciones. Bajo los sucesores de Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio, se produjeron ya los primeros ataques importantes sobre las fronteras romanas sobre todo por parte de los germanos (especialmente los cuados y marcomanos) y los partos. Antonino avanzó varias guarniciones britanas a un nuevo frente en el que edificó el llamado Muro de Antonino esperando que los caledonios y pictos atrapados entre los dos muros aceptaran, poco a poco, romanizarse. Pero los pictos no dejaron de acosar a las guarniciones romanas, por lo que a la llegada de Marco Aurelio al trono se procedió al repliegue de todas las guarniciones hasta la más estable y segura frontera del muro de Adriano.
Durante esta época se producen también los primeros y únicos contactos directos entre Roma y China con el envío de una embajada romana a oriente a la que hacen referencia las crónicas chinas de la dinastía Han.
Trajano y las campañas de la Dacia
Una paz de compromiso con Decébalo, rey de los dacios, se había pactado desde que Domiciano emprendiera su frustrada campaña de la que el líder dacio no pudo salir más reforzado. A pesar de los compromisos a los que había llegado con los romanos desde sus dominios se continuó acosando a las caravanas y flotas de comerciantes incluso acometiéndose actos de pillaje y saqueo de poblaciones fronterizas. Así fue como Trajano se dispuso a acometer su mayor y más gloriosa campaña que le llevaría a integrar una nueva provincia dentro de las fronteras del Imperio. Desde que cartagineses y galos acosaran Roma la estrategia más exitosa siempre había sido la misma, reducir el potencial militar del enemigo a cero aplastándolo con todo el peso de las legiones y de sus cenizas levantar una sociedad más romana que la propia Roma llevando a la región conquistada lo mejor que el Imperio podía ofrecer, su organización administrativa y sus obras públicas. Esta vez no iba a ser diferente. Para la campaña del 101-102 d.C Trajano dispone de 86.000 hombres repartidos entre 7 legiones y 41 cohortes mixtas (caballería más infantería) de auxiliares y algunos vexillationes de otras legiones. El ejército reunido es enorme, el mayor desde tiempos de Augusto y que no sería superado hasta la gran operación de Marco Aurelio en el Danubio contra los germanos. El ejército marcha sobre Tapae donde se atrinchera el líder dacio con unos 40.000 hombres entre caballería sármata e infantería dacia. Dada la inferioridad numérica de sus fuerzas decide jugársela preparando una encerrona al hábil Trajano pero este previendo la situación divide su ejército en dos grupos. El primero dirigido por el propio emperador lo forman las legiones I Audiutrix y II Adiutrix Pia Fidelis, III Flavia y VII Claudia más las dos cohortes de la guardia pretoriana, 20 de infantería auxiliar y 30 mixtas con unas 10 alas de caballería. Esta fuerza se dirigirá frontalmente hacia los 30.000 hombres de infantería que presenta Decébalo en el estrecho paso por el que obliga a pasar a Trajano. Varias de las cohortes auxiliares y vexilationes se ocupan de cubrir los flancos mientras el segundo contingente dejado al mando de Tercio Juliano se interna en el bosque con las legiones I Italica, V Macedonica, y XIII Gemina para expulsar a la caballería sármata escondida en él y neutralizar así su emboscada. Finalmente los romanos hacen valer su superioridad aplastante y Dacia queda convertida en un estado tributario y aliado de Roma. Varias legiones son apostadas en su territorio para asegurar el dominio romano. Pero esto no durará mucho ya que en el 105 los dacios atacan a los iacigos, aliados de Roma y se niegan a pagar los tributos requeridos iniciándose así la rebelión que culminará el 107 con la victoria definitiva sobre los dacios y su integración completa como provincia romana.
Marco Aurelio y las Guerras Marcomanas
Marco Aurelio tuvo que hacer frente al mayor intento de invasión bárbara desde los tiempos de la Roma Republicana. Los frentes del Danubio y el Rhin se vieron sacudidos por una oleada de ataques que no pudieron ser detenidos por las escasas guarniciones con que contaban los limes ya que la mayoría de las legiones se encontraban regresando de la campaña contra los Partos. Algunas tribus germanas lograron penetrar en la desprotegida Italia entreteniéndose en sitiar Aquileia durante los años 166 y 167. Hay que tener en cuenta que en ésa época Roma no contaba con contingentes en retaguardia. Basaba sus defensas en unas sólidas fronteras que suponía impenetrables, pero esta vez se había abierto brecha. Marco Aurelio sabedor del precedente que se podría sentar si les dejaba regresar con las manos llenas, y ya no digamos saquear Italia, no solo se decidió a expulsarlos sino también a aplastarlos con toda la fuerza del Imperio. Invasiones parecidas harían mella en el Imperio durante la crisis del siglo III pero ahora, el Imperio estaba perfectamente engrasado y reaccionó como un resorte, con total contundencia. Marco Aurelio acudió de inmediato a Italia y reclutó a todo un ejército echando mano hasta de presidiarios, gladiadores y esclavos manumitidos. Creó dos nuevas legiones II y III Italica. Por los informes que se tienen las legiones se prepararon, armaron y entrenaron a conciencia. Se compró también la colaboración de tribus mercenarias para dar apoyo a las nuevas legiones y cohortes auxiliares recién salidas de los barracones. Estas fueron reforzadas con las tropas de Sabiniano que venían desde Pannonia. La resolución romana no pasó desapercibida para los marcomanos, cuados, victumalos y demás tribus que participaron en la invasión. Se retiran pues hacia Noricum y Raetia esperando que Roma no les persiga más allá de Italia. Naturalmente Roma no les da tregua y el emperador sigue sus pasos. Poco a poco Marco Aurelio logra reunir un colosal ejército de 10 legiones además de varios vexillationes de otras legiones y diversas cohortes de auxilliari. Sus fuerzas deben ser reforzadas con abundantes reclutas para reponer a las bajas causadas por la peste que azotaba el Imperio desde que las legiones regresaran de partia trayéndola consigo. Sitúa su base de operaciones en el fuerte de Carnuntum a orillas del Danubio base de la Legio XIV Gemina. El ejército que lo acompaña en la campaña marcomana alcanzará increible cifra de unos 150.000 soldados movilizados. Entre estos efectivos se encuentran los cuerpos completos de las legiones I y II Audiutrix, I,II y III Italica, X y XIV Gemina, XI Claudia, I Minerva y la XII Fulminata. También hay cuerpos parciales, (vexillationes) de las legiones II Traiana, XV Apollinaris, III Cyrenaica, III Augusta, X Fretensis, XXX Ulpia y III Gallica.
La guerra se verá interrumpida por nuevos contratiempos. En el 168 Dacia también se ve acosada por los dacios libres, sármatas y costobocos lo que obliga movilizar fuerzas para retener a los invasores y a amurallar Sarmizegetusa. Asimismo, el general romano Ávidio Casio se subleva en Egipto, forzando a Marco Aurelio a abandonar temporalmente las guerras marcomanas cuando ya los tenía casi arrinconados para sofocar dicha rebelión. A su regreso, reemprende la campaña, muriendo durante la misma en el frente del Danubio víctima de la peste.
La sucesión: ¿porqué Cómodo?
Por alguna razón que se desconoce, el emperador filósofo Marco Aurelio rompió la sabia tradición instaurada con Nerva y dio la sucesión a su propio hijo, Cómodo, esperando que este concluyera su ambiciosa operación de castigo con la que pretendia incorporar dos nuevas provincias al imperio, Marcomania y Sarmatia. Pero Cómodo, muy al contrario, ofreció rápidamente la paz a los germanos, quienes la aceptaron enseguida. Las fuerzas bárbaras estaban prácticamente agotadas por la presión romana, que los estaba llevando hasta el límite. Este fue un balón de oxígeno que años más tarde se rebelaría como un grave error estratégico, habiéndose echado a perder una nueva oportunidad de exterminar totalmente a la amenaza germana. Las guerras marcomanas finalizan pues abruptamente con la muerte de Marco Aurelio, no sin mostrar ante los bárbaros el mayor despliegue bélico y el mayor contingente militar listo para el combate desde tiempos de Augusto. Los germanos tardarían mucho tiempo en recuperarse y en volverse a rebelar contra Roma.
Muchos se preguntan porqué Marco Aurelio decidió romper el esquema sucesorio legando el imperio a su hijo. El hecho es que los emperadores antoninos que le precedieron no tuvieron nunca un sucesor directo disponible por lo que siempre se vieron obligados a adoptar a alguien para asegurar la estabilidad imperial tras su muerte. A pesar de todo siempre trataron de guardar el poder entre miembros de su familia o cercanos a ella siempre que fue posible.
Este nuevo emperador, de quien los historiadores dan un imagen de tirano y poco competente, se rebela nefasto y despreocupado de los problemas del pueblo y en las fronteras, ocupándose más por divertirse con los juegos. La situación de dejadez imperial agrava el malestar en la corte hasta que el emperador es finalmente asesinado.
Tras un breve periodo anárquico Septimio Severo, militar no perteneciente a la aristocracia romana, consigue establecer una nueva dinastía el año 193. Alejandro Severo es el último emperador de esta línea hereditaria, dando paso a la tercera anarquía (la primera fue el año de los cuatro emperadores y la segunda la que precedió a los Severos). A partir de ahora se suceden en el trono varios emperadores que llegan al poder gracias a haber subido en el escalafón militar por méritos sin ser necesariamente de procedencia noble. El primer emperador de esta nueva era es Maximino, hijo de campesinos y procedente de una zona de la actual Serbia.
Esta crisis marcará el inicio de la lenta pero inexorable decadencia del Imperio hacia su colapso final. Durante los 50 años que dura, Roma ve vestir la púrpura a 35 hombres distintos, la mayoría de ellos generales destacados que asumen el poder de la totalidad o de parte del Imperio, generalmente coronados por sus propias tropas. Pocos emperadores de esta época mueren por causas naturales, la mayoría fruto de conspiraciones y asesinatos, muchas veces de manos de su propia guardia pretoriana. Las invasiones bárbaras se intensifican en todos los frentes, haciendo muy difícil mantener el gobierno sobre todas las provincias y, a la vez, sostener la presión sobre unos limes cada vez más amenazados. Esta situación de caos propicia que el año 260 Póstumo proclame la independencia del Imperio Galo (Galia, Britania, e Hispania) sin que desde Roma se pueda hacer nada para remediarlo. Ante tal muestra de debilidad imperial en el 266 Zenobia se proclama Reina de Palmira haciéndose con el control de Siria y Egipto en Oriente. La manifiesta debilidad no pasa desapercibida para las tribus danubianas y sus incursiones bárbaras se hacen cada vez más osadas, hasta que una invasión conjunta de Hérulos, Godos y Peuquinos en el 267-268 logra penetrar en Dacia y Moesia llegando incluso hasta Tracia y Macedonia. Las sucesivas campañas defensivas logran estabilizar la sitaución pero al precio de perder prácticamente toda la Dacia siendo Aureliano quien decide finalmente retirar los habitantes que quedan y asentarlos en Moesia. Estas escisiones e invasiones del Imperio hacen pensar ya en un fin próximo de este pero un ambicioso Aureliano derrota a Zenobia en el 272 y a Tetrico I (el último emperador de la Galia) en el 274, restaurando la unidad del imperio, y siendo proclamado en Roma como restitutor, lo cual no le salvará de morir asesinado también por su guardia; algo que será lamentado posteriormente ante la incompetencia de algunos de sus nuevos sucesores. Aun así, son esta suerte de emperadores-soldado procedentes de la región de Iliria, denominados emperadores ilíricos, los que terminan por salvar al imperio de una destrucción que parecía inevitable, pero en el proceso también modifican la naturaleza del propio Imperio Romano y los historiadores marcan en esta remontada de la crisis el fin de la Antigüedad clásica y el principio de la Antigüedad tardía.
No es hasta Diocleciano cuando, por fin, se pone freno a la Anarquía que ya duraba más de medio siglo gracias a las profundas reformas que efectúa. Con él empieza el bajo imperio. Diocleciano trata de recuperar el culto a las divinidades paganas y, particularmente, el culto al emperador por lo cual vuelve a perseguir de nuevo a los cristianos como hicieran algunos de sus predecesores por negar estos la divinidad del emperador. El objetivo es sacralizar la figura del mandatario supremo evitando así su trivialización y que pudiera ser objeto de las más viles traiciones como había sido costumbre durante la tercera anarquía. También advierte que la capital imperial no puede seguir siendo Roma, ciudad donde las intrigas de palacio y las confabulaciones entre nobles, políticos y militares de toda clase y condición hacen peligrosa la vida del emperador. Así mismo, decide finalmente dividir, en el 286, los dominios de un imperio que se había hecho difícilmente gobernable y reestructurar su organización territorial y de gobierno imponiendo la tetrarquía.
La partición resulta en el Imperio Romano de Oriente que pasa a dirigir él mismo con Nicomedia como capital y en el Imperio Romano de Occidente cediendo su control a su amigo Maximiano quien instala su capital en Mediolanum (actual Milán). El intento trataba de salvar a Oriente y evitar que la decadencia del imperio de occidente acabase arrastrando también a Oriente en su caída. Sin embargo, a la salida de ambos del poder regresó la inestabilidad.
Imperio cristiano (324-395 dC)
Constantino I el Grande volvió a unificar el imperio en el 324, venciendo a sus oponentes bajo la bandera de una nueva religión, el cristianismo, estableciendo la capital de todo el imperio en la renombrada Constantinopla, antigua Bizancio.
Constantino no fue realmente un emperador cristiano aunque utilizó la religión para alzarse con el poder bautizándose tan solo cuando vio venir la muerte desde su lecho lo que permitió que finalmente el cristianismo se convirtiera por vez primera en religión de estado. A su muerte, el imperio se repartió entre sus tres hijos tal y como había dispuesto, la prefectura de la Galia para Constantino II, Italica para Constante y Oriente para Constancio II. Los dos primeros conspiraron entre sí alzándose finalmente Constante como dominador de todo Occidente momento en el cual Magnencio se aprovechó de la situación para usurpar el trono, derrotar y asesinar finalmente a Constante. Constancio marchó entonces sobre este derrotándole y alzándose nuevamente como emperador único de todo el Imperio Romano.
Constancio era arriano a pesar de que tras el Concilio de Nicea dicha doctrina había sido desechada por la del Obispo Atanasio considerándose el arrianismo como una herejía. A pesar de lo cual mientras Constancio estuvo en el poder se mantuvo un equilibrio entre ambas corrientes que se rompió a la llegada de Juliano el apóstata en el 361 quien devolvió la libertad de culto y se hizo pagano renunciando al cristianismo y prohibiendo las persecuciones religiosas también entre los propios cristianos lo que no evitó que, poco a poco, los arrianos fueran marginados. Cuando Joviano accedió al trono este recuperó la religión cristiana como religión de estado pero ya con el atanasianismo como corriente mayoritaria.
Valentiniano I volvió a partir el imperio en el 364 recuperándose nuevamente su unidad con Teodosio I, el último emperador conjunto, en 392. A su muerte en 395 la separación del imperio se hizo por fin irrevocable. Su hijo Honorio heredó la parte oeste y Arcadio la parte este del imperio.
El último emperador de Roma, Rómulo Augústulo, fue depuesto en 476 por Odoacro, rey de los hérulos, pero el Imperio Romano de Oriente continuó hasta 1453, año en que los turco-otomanos tomaron Constantinopla.
Un imperio urbano
Más información en: Arquitectura romana | Vivienda romana | Edificación pública | Urbanismo romano
Urbanismo romano
Las ciudades romanas eran el centro de la cultura, la política y la economía de la época. Base del sistema judicial, administrativo y fiscal eran también muy importantes para el comercio y a su vez albergaban diferentes acontecimientos culturales. Es importante destacar que Roma fue, a diferencia de otros, un imperio fundamentalmente urbano.
Las ciudades romanas estaban comunicadas por amplias calzadas que permitían el rápido desplazamiento de los ejércitos y las caravanas de mercaderes, así como los correos. Las ciudades nuevas se fundaban partiendo siempre de una estructura básica de red ortogonal con dos calles princiaples, el cardo y el decumano que se cruzaban en el centro económico y social de la ciudad, el foro alrededor del cual se erigían templos, monumentos y edificios públicos. También en él se disponían la mayoría de las tiendas y puestos comerciales convirtiéndo el foro en punto de paso obligado para todo aquel que visitase la ciudad. Así mismo un cuidado sistema de alcantarillado garantizaba una buena salubridad e higiene de la ciudad romana.
Curiosamente, este riguroso ordenamiento urbanístico, ejemplo del orden romano, nunca se aplicó en la propia Roma, ciudad que surgió mucho antes que el imperio y que ya tenía una estructura un tanto desordenada. El advenimiento del auge del poder imperial motivó su rápido crecimiento con la llegada de multitud de nuevos inmigrantes a la ciudad en busca de fortuna. Roma nunca fue capaz de digerir bien su grandeza acentuándose más aun el caos y la desorganización. La capital construía hacia lo alto, el escaso espacio propició la especulación inmobiliaria y muchas veces se construyó mal y deprisa siendo frecuentes los derrumbes por bloques de pisos de mala calidad. Famosos eran también los atascos de carros en las intrincadas callejuelas romanas.
Por lo demás toda ciudad romana trataba de gozar de las mismas comodidades que la capital y los emperadores gustosos favorecían la propagación del modo de vida romano sabedores de que era la mejor carta de romanización de las futuras generaciones acomodadas que jamás desearían volver al tiempo en que sus antepasados se rebelaban contra Roma. Por ello, allí donde fuera preciso se construían teatros, termas, anfiteatros y circos para el entretenimiento y el ocio de los ciudadanos. También muchas ciudades intelectuales gozaban de prestigiosas bibliotecas y centros de estudio, así fue en Atenas por ejemplo ciudad que siempre presumió de su presuntuosa condición de ser la cuna de la filosofía y el pensamiento racional.
Para traer agua desde todos los rincones se construían acueductos si era preciso, el agua llegaba a veces con tal presión que era necesario construir abundantes fuentes por todas partes lo que aun aumentaba más el encanto de dichas ciudades que aun construidas en tierras secas recibían la llegada de las bien planificadas canalizaciones romanas.
Las casas típicas eran las insulae (isla). Solían estar hechas de adobe normalmente de unos tres o cuatro pisos aunque en Roma o en otras ciudades de gran densidad se llegaban a construir verdaderos rascacielos cuya solidez muchas veces fue más que dudosa. La gente rica y de dinero, patricios de buena familia o ricos comerciantes plebeyos que habían hecho fortuna se alojaban en casa de una sola planta con patio interior (impluvium) recubierto de mosaicos llamadas domus.
En honor a las victorias se construían columnas, arcos de triunfo, estatuas ecuestres y placas conmemorativas que solían hacer siempre referencia al emperador reinante y sus gloriosas victorias conseguidas en pos de la salvaguarda de la pax romana de la que gozaban inconscientes los ciudadanos de la urbe. Era un motivo que se recordaba constantemente para dar sentido a la recaudación imperial, sin dinero no hay ejército, sin ejército no hay seguridad y sin seguridad no hay ciudades ni comercio. Algo que quedaría patente a finales del bajo imperio.
Con la llegada de la crisis del siglo tercero y, particularmente, ya en el tardío imperio cristiano la seguridad de la que disfrutaron durante tiempo las ciudades romanas había desaparecido. Y muchas de ellas, sobretodo las más fronterizas con los limes acechados por los pueblos germanos se vieron obligadas a amurallarse y recluirse en fortificaciones sacrificando calidad de vida por seguridad. Fue un paso hacia atrás que se materializaría con la desaparición del imperio de occidente, la ruralización, el fin de las actividades comerciales y el surgimiento de los castillos medievales.
Economía
castillo
La economía del Imperio Romano era la propia de un imperio esclavista: los esclavos trabajaban obviamente de forma gratuita, lo cual producía una enorme riqueza. Las diferentes ciudades y provincias estaban conectadas por una red de comunicaciones, vías y puertos, que fomentaban el comercio notablemente.
Aunque la vida se centraba en las ciudades, la mayoría de los habitantes vivían en el campo, donde cultivaban la tierra y cuidaban el ganado. Los cultivos más importantes eran el trigo, la viña y los olivos, también árboles frutales, hortalizas, legumbres y lino. Los romanos mejoraron las técnicas agrícolas introduciendo el arado romano, molinos más eficaces, como el grano, el prensado de aceite, técnicas de regadío y el uso de abono.
Sociedad
abono
La sociedad romana se configura de dos clases sociales que tenían la ciudadanía romana: una aristocracia de propietarios (patricii, patricios) y una clase popular que luchaba por conseguir derechos (plebs, plebeyos). Como ya se ha dicho anteriormente, la economía estaba basada en el sistema de producción esclavista, donde la mayoría de los esclavos eran prisioneros de guerra. Existían mercados de esclavos donde se comerciaba con ellos como si fuesen simples mercancías.
Así pues la sociedad romana estaba dividida en:
- Patricios: la clase dominante que poseía todos los privilegios tanto fiscales, como judiciales, políticos y también culturales (es decir, eran más cultos).
- Plebeyos: eran el pueblo que no gozaba de todos los derechos ni privilegios.
- Esclavos: no tenían derechos y eran posesión de sus amos. El esclavismo era toda una institución social en Roma. No fue un esclavismo de raza, como sí lo sería siglos después. En Roma cualquiera podía ser esclavo; la fuente de esclavos provenía sobretodo de pueblos conquistados, pero también de delincuentes u otra gente que fuera degradada a esa clase social por algún motivo. En realidad el esclavismo no era más que la clase social más baja. Y como toda clase, también era posible ascender a veces comprando la propia libertad, o simplemente por el deseo expreso del amo que se formalizaba con el acto de manumisión, un privilegio exclusivo de todo propetario que convertía al esclavo en liberto (ex-esclavo liberado).
Religión
liberto
Los romanos adoraban un gran número de dioses. Los más venerados eran Júpiter, Minerva y Juno. En honor a ellos se construyeron templos y se ofrecieron sacrificios de animales. El emperador era adorado como un dios y en todo el Imperio se practicaba el culto imperial.
También veneraban, en casa, a los dioses protectores del hogar y de la familia; en cada casa había un altar dedicado a esos dioses. Además, los romanos eran muy supersticiosos y, antes de tomar una decisión consultaban la voluntad de los dioses, expresada por medio de los oráculos.
Las fiestas religiosas
El calendario religioso romano reflejaba la hospitalidad de Roma ante los cultos y divinidades de los territorios conquistados. Originalmente eran pocas las festividades religiosas romanas. Algunas de las más antiguas sobrevivieron hasta el final del imperio pagano, preservando la memoria de la fertilidad y los ritos propiciatorios de un primitivo pueblo agrícola. A pesar de eso, se introdujeron nuevas fiestas que señalaron la asimilación de los nuevos dioses. Llegaron a incorporarse tantas fiestas que los días festivos eran más numerosos que los laborales. Las más importantes eran las fiestas lupercales, saturnales, equiria y de los juegos seculares. Para más información: Fiestas romanas.
Tiempo después, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio, con el emperador Constantino, que toleró las 2 religiones, ya que cuenta la historia que antes de una gran batalla vio una cruz en el cielo, al día siguiente grabó en los escudos de todos sus soldados la cruz y obtuvo una gran victoria, si bien sólo se bautizó unos días antes de su muerte. Las festividades cristinas que hoy en día celebramos no son más que las festividades que ya se celebraban en tiempos romanos, sólo que cristianizadas para hacerlas compatibles con la nueva religión. Incluso se mantienen algunas completamente paganas como el carnaval.
Ver: Religión en la Antigua Roma
Véase también
- Emperadores romanos
- Fiestas romanas
Categoría: Roma Antigua
Categoría:Países desaparecidos
ja:ローマ帝国
ko:로마 제국
simple:Roman Empire
Imperio Romano de OccidenteSe denomina Imperio Romano de Occidente a la parte occidental del Imperio Romano, durante su periodo de división.
Siendo ya notoria la decadencia en el Imperio Romano (395), el emperador Teodosio decidió dividir el imperio en dos mitades, para facilitar el manejo de tan vastas tierras.
Decadencia Occidental, Prosperidad Oriental
Teodosio
La mitad Occidental (con las penínsulas itálica e ibérica, las Galias, la isla de Gran Bretaña, el Magreb y las costas de Libia) correspondió a su hijo Honorio, mientras que la parte oriental (los Balcanes, Anatolia, Oriente Próximo y Egipto) pasó a su hijo Arcadio, convirtiéndose con el tiempo en el Imperio Bizantino (nombre tomado de Bizancio, denominación griega de su capital, Constantinopla).
Honorio situó su capital en Milán. Ya desde hacía tiempo, la mitad occidental del Imperio Romano había estado sumida en continuas guerras civiles por el poder, con generales que se rebelaban cada pocos meses y se autocoronaban emperadores alternativos, especialmente en Britania y las Galias. A este complicado cuadro que hacía tremendamente difícil mantener el gobierno sobre el Imperio de Occidente se unían las continuas ingerencias de los pueblos bárbaros, que se ponían alternativamente a las órdenes de unos u otros contendientes o rompían con todos entregándose al saqueo según les convenía. Por todo ello, Occidente sufrió de forma mucho más contundente las consecuencias de la crisis del siglo III, mientras que Oriente lograba recuperarse poco a poco, a pesar de enfrentarse de forma continua a los godos y los persas, gracias a los ingresos que los ricos campos de Anatolia y sobre todo Egipto le proporcionaban, su mayor cohesión interna y su población más abundante y menos golpeada por las guerras civiles, la corrupción y las pestes como ocurría en Occidente.
Invasiones Bárbaras
Germano
La crisis se apoderó de forma irreversible de Occidente cuando los visigodos bajo el mando de Alarico se dirigieron hacia Italia en el año 402. En un primer momento, el general romano de origen vándalo Estilicón, una de las últimas grandes figuras militares de Occidente, logró pararle los pies en la Batalla de Pollentia. Para desgracia de los romanos, las tropas ya no abundaban tanto como antes y Estilicón sólo pudo reunir hombres suficientes retirando buena parte de los que vigilaban la frontera del Rin. A resultas de ello, en las navidades del 406 los vándalos, suevos, francos y en menor medida los gépidos, alanos, sármatas y hérulos, cruzaron de forma masiva el río helado y se extendieron como una plaga por toda la Galia y luego por Hispania, saqueando todas las ciudades a su paso. Poco después Alarico volvió a amenazar a Roma exigiendo el pago de importantes tributos, mientras en Britania un nuevo usurpador se coronaba a sí mismo como Constancio III. Estilicón se había mostrado incapaz para atajar la crisis y fue ejecutado en 408.
Las tropas romanas abandonaron Britania mientras era invadida por nuevos contingentes bárbaros con el fin de apaciguar la situación en la Galia, pero poco pudieron hacer. En todo el Imperio la autoridad romana se desmoronaba, y sólo las sucesivas capitales de Milán y Ravena contaban con fuerzas suficientes. Con este cuadro, a Alarico le fue fácil chantajear a la abandonada ciudad de Roma asediándola sucesivamente en 408 y 409, retirándose cuando obtenía el oro convenido con el Senado. Pero el último año no se le pudieron entregar las 4000 piezas exigidas y ordenó saquear la ciudad en 410. Tal hecho fue visto por los propios romanos como el fin de una Era y un ultraje inimaginable, pues la ciudad que había conquistado el mundo caía ahora presa de los bárbaros. Alarico se dirigió luego a Nápoles con intención de embarcar y saquear África, pero murió por el camino. Sorprendentemente, Gala Placidia, hermana del inútil emperador Honorio (refugiado en Ravena) que había sido capturada en Roma, consiguió convencer a los visigodos para que firmasen la paz y se aliaran con los romanos. Selló esta alianza casándose con el nuevo rey visigodo, Ataúlfo, al cual se le cedió la Aquitania en 412 con el fin de que restableciera la autoridad romana sobre la Galia, y lo consiguió tras largas guerras con otros pueblos bárbaros. Posteriormente, los godos recibirían también el encargo de restablecer el orden sobre Hispania, lo que consiguieron con una pequeña consecuencia: al expulsar a los vándalos de Hispania en 429, éstos se dirigieron a África y la arrasaron, tomando Cartago. Allí se apoderaron de lo que quedaba de la flota romana y aprendieron el arte de navegar, extendiendo su nuevo imperio marítimo sin problemas por Córcega, Cerdeña, parte de Sicilia y las Baleares. Saquearon también muchas ciudades, incluida de nuevo Roma en 455. Los romanos perdían el dominio de los mares y su principal reserva de cereales, la del Norte de África.
Los Hunos
cereal
Reducido a la Galia, Italia y parte de Hispania, el decadente Imperio vivió una nueva amenaza, peor todavía que las de los pueblos germánicos. Con la llegada de los hunos de Atila en 451, los romanos conocieron la destrucción total, los saqueos sistemáticos y el genocidio de poblaciones enteras. El ejército huno sólo pudo ser expulsado de la Galia gracias al genio militar del último gran general romano, Aecio, que aliado con los visigodos de Teodorico, los francos y los alanos, logró derrotar en la Batalla de los Campos Cataláunicos a los hunos y sus vasallos ostrogodos. Sin embargo, Atila se recuperó e invadió Italia en 452, deteniéndose sólo ante las puertas de Roma cuando el papa San León I Magno se entrevistó con él. Dos años más tarde, la envidia y los celos movieron al emperador Valentiniano III a deshacerse de su mejor general, Aecio, condenando al Imperio para siempre.
El Final
Valentiniano III
A Valentiniano le sucedieron emperadores cada vez más débiles y ficticios, hasta que en 476, Rómulo Augusto, llamado despectivamente "Augústulo" por ser sólo un niño, fue depuesto por Odoacro, jefe de los hérulos (tribu ostrogoda). No obstante, Odoacro quiso ganarse el favor del Imperio de Oriente enviando las insignias imperiales a Constantinopla, coronándose sólo como rey de Italia y por tanto asumiendo el gobierno de forma simbólica en nombre del Emperador de Bizancio. Por ello se considera a 476 como el fin del Imperio Romano y la Edad Antigua, y a Rómulo Augústulo como el último emperador, a pesar de que la autoridad de Occidente hacía tiempo que era historia y que Oriente, en cambio, sobrevivió 1000 años más bajo el gobierno de los bizantinos.
La Galia quedó dividida entre los nuevos reinos Franco, Burgundio y Visigodo. Éste último asumió también el mando en Hispania y posteriormente transplantaría su base a esta región, fundando en ella el Reino visigodo de Toledo.
Véase también
- Imperio Romano de Oriente
- Imperio Bizantino
Categoría:Imperio Romano
ConstantinoplaNombre antiguo de la actual ciudad de Estambul en Turquía. Se debe este nombre al emperador romano Constantino en el siglo IV. Fue capital del Imperio Bizantino (también llamada Bizancio) o Imperio Romano de Oriente durante siglos, desde 330 hasta su conquista por los turcos en 1453, cuando comienza la Edad Moderna y deja de ser cristiana para transformarse en musulmana.
Constantino
En el año 324 Constantino I el Grande vence al coemperador romano Licinio (Flavio Valerio Licinio Liciniano 250-325), transformándose en el hombre más poderoso de el Imperio Romano.
En ese contexto decidió convertir a la ciudad de Bizancio en la capital del Imperio, comenzando trabajos para embellecer y proteger la ciudad. Para ello utilizó más de cuarenta mil trabajadores, mayormente esclavos godos.
godo
Después de 6 años de trabajos, hacia el 330, y aún sin finalizar las obras (se terminaron en el 336), Constantino inaugura la ciudad mediante los ritos tradicionales que duraron 40 días.
La ciudad fue renombrada como Nueva Roma, aunque popularmente se la denominaba Constantinopla (en griego Constantinopolis), y fue reconstruida a semejanza de Roma, con catorce regiones, foro, capitolio y senado, y su territorio sería considerado suelo itálico (libre de impuestos).
Constantino no destruyó los templos existentes, ya que no persiguió a los paganos, es más, construyo nuevos templos para paganos y cristianos, especialmente influido por estos últimos. Tal es así que durante su gobierno se abolió la crucifixión, las luchas entre gladiadores, el divorcio y se mantuvo una mayor austeridad sexual, según las costumbres cristianas. Pese a todo este apoyo al cristianismo, Constantino jamás se declaró cristiano.
Nueva Roma fue embellecida a costa de otras ciudades del imperio, que fueron saqueadas en sus mejores obras y trasladadas a la nueva capital del imperio. En el foro se colocó una columna donde se emplazó una estatua de Apolo, a la que Constantino hizo quitar la cabeza para colocar una réplica de la suya.
La ciudad contaba con un hipódromo, construido en tiempos de Septimio Severo (año 203), que podía albergar más de 50.000 personas y era la sede de las fiestas populares y de homenaje a los generales victoriosos del imperio. Sus tribunas también fueron testigo de tribunales donde se dirimían los casos más relevantes. Hoy en día, el hipódromo solo es una plaza del centro de la ciudad (Estambul), donde se conservan los dos obeliscos que se encontraban en el centro de la pista, uno de ellos perteneciente al faraón egipcio Tutmosis III.
También se dio gran importancia a la cultura. Constantino creó la primera universidad del mundo al fundar, en el 340, la Universidad de Constantinopla, aunque luego fuera reformada por el emperador Teodosio II en el 425. En ella se enseñaba gramática, retórica, derecho, filosofía, matemática, astronomía y medicina; también gramática latina, de gramática griega, de retórica latina y de retórica griega. La universidad constaba de grandes salones de conferencia, donde enseñaban sus 31 profesores.
Al morir Constantino, la fragmentación del Imperio Romano era un hecho. Sin embargo, esto no se produciría hasta la muerte de uno de sus sucesores: Teodosio, en el año 395, quien dividió en dos el Imperio y cedió el mando de la parte occidental, con sede en Roma, a su hijo Honorio; y la parte Oriental, con sede en Constantinopla, a su otro hijo Arcadio, dando comienzo al Imperio Bizantino que, a diferencia de la parte occidental cuya decadencia fue cada vez mayor, se mantuvo por mil años.
En época del emperador Justiniano (527-565) se construyó la iglesia cristiana de Santa Sofía, donde sus arquitectos tuvieron que colocar una cúpula sobre un edificio rectangular. Tan complejo fue esto que la primera cúpula se derrumbó, pero la segunda es la que hoy se puede ver en el edificio. Justiniano también construyó la Iglesia de los santos Sergio y Baco, entre los años 527 y 536.
Durante el gobierno del emperador Heraclio (610-641) se creo la Academia Patriarcal de Teología, que luego fuera organizada también como universidad.
Véase también
- Caída de Constantinopla
Categoría:Historia de Turquía
Categoría:Imperio Bizantino
Categoría:Imperio Otomano
ja:コンスタンティノポリス
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Imperio Romano de Oriente
El Imperio Bizantino -llamado también, sobre todo para hacer referencia a su etapa inicial, Imperio Romano de Oriente- fue un Imperio cristiano medieval de cultura griega cuya capital estaba en Constantinopla o Bizancio (actual Estambul). Los orígenes del Imperio Bizantino se remontan a la etapa final del Imperio Romano. Inicialmente abarcaba todo el Mediterráneo oriental, pero con el tiempo fue sufriendo importantes reducciones territoriales.
No existe un consenso general en cuanto a la fecha de inicio del Imperio Bizantino. Para algunos autores, la fecha clave es la fundación de Constantinopla en el año 330, en tanto que otros estudiosos consideran como acta de nacimiento del Imperio Bizantino la muerte de Teodosio I, en 395, cuando el Imperio Romano fue definitivamente dividido en dos mitades, oriental y occidental. Otros piensan que puede hablarse con propiedad de Imperio Bizantino a partir del momento en que fue depuesto el último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo (476).
La desaparición del Imperio Bizantino se produjo con la caída de Constantinopla en poder de los turcos otomanos, en 1453. Sin embargo, la desaparición del estado bizantino no acabó con los sentimientos nacionalistas del pueblo, ya que los actuales habitantes de Grecia se consideran herederos de la tradición bizantina.
El término "Imperio Bizantino"
"Imperio Bizantino" es un término moderno que hubiera resultado extraño a sus contemporáneos. El nombre original del Imperio en griego era Romania ( Ῥωμανία) o Basileía Romaíon (Βασιλεία Ῥωμαίων), traducción directa del nombre en latín del Imperio Romano, Imperium Romanorum.
La expresión "Imperio Bizantino" (de Bizancio, antiguo nombre de Constantinopla) es una creación del historiador alemán Hieronymus Wolf, quien, en 1557 -un siglo después de la caída de Constantinopla- lo utilizó en su obra Corpus Historiae Byzantinae para designar este período de la historia en contraposición con las culturas griega y romana de la Antigüedad clásica. El término no se hizo de uso frecuente hasta el siglo XVII, cuando fue popularizado por autores franceses, como Montesquieu.
El éxito del término puede guardar cierta relación con el histórico rechazo de Occidente a ver en el Imperio Bizantino al heredero legítimo de Roma, al menos desde que, en el siglo IX, Carlomagno y sus sucesores esgrimieron el documento falsificado conocido como "Donación de Constantino" para proclamarse, con la connivencia del Papado, emperadores romanos. Desde esta época, el título Imperator Romanorum (emperador de los romanos) quedó reservado a los soberanos del Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que el emperador de Constantinopla era llamado Imperator Graecorum (emperador de los griegos),y sus dominios, Imperium Graecorum, Graecia, Terra Graecorum o incluso Imperium Constantinopolitanus.
La palabra "bizantino" adquirió después un sentido peyorativo, como sinónimo de "decadente", debido a la obra de historiadores como Edward Gibbon, William Lecky o el propio Arnold J. Toynbee, quienes, comparando la civilización bizantina con la Antigüedad clásica, vieron la historia del Imperio Bizantino como un prolongado período de decadencia. Influyó seguramente también en esta apreciación el punto de vista de los cruzados de los reinos de Europa occidental que visitaron el Imperio en el siglo XIII.
En español existe la expresión «discusión bizantina» para referirse a una disputa sobre cuestiones carentes de verdadera importancia, seguramente basada en las interminables controversias teológicas sostenidas por los intelectuales bizantinos. La tradición dice que durante el propio asedio turco de Constantinopla en 1453, que acabó con la anexión de Bizancio al Imperio otomano, gran parte de la atención de las autoridades estaba puesta en una discusión absurda sobre el sexo de los ángeles, lo que aceleró la caída de la capital y con ella, 1000 años de Imperio de Oriente.
Historia
Origen
Para asegurar el control del Imperio Romano y hacer más eficiente su administración, Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, dividiendo el imperio en dos mitades, gobernadas por dos emperadores (augustos), cada uno de los cuales llevaba asociado un "vice-emperador" y futuro heredero (césar). Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia, y se abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta 324, cuando Constantino unificó ambas partes del Imperio.
Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330. La llamó "Nueva Roma" pero se le conoció popularmente como Constantinopla (en Griego Κωνσταντινούπολις, Constantinoúpolis). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad, que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental.
Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo, religión, que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales del siglo IV, religión oficial del Imperio.
cristianismo
A la muerte del emperador Teodosio, en 395, el Imperio se dividió definitivamente: Honorio, su hijo mayor, heredó la mitad occidental, con capital en Roma, mientras que a su otro hijo Arcadio le correspondió la oriental, con capital en Constantinopla. Para la mayoría de los autores, es a partir de este momento cuando comienza propiamente la historia del Imperio Bizantino. Mientras que la historia del Imperio Romano de Occidente concluyó en 476, cuando fue depuesto Rómulo Augústulo, la historia del Imperio Bizantino se prolongará durante casi un milenio.
Historia temprana
En tanto que el Imperio de Occidente se hundía de forma definitiva, los sucesores de Teodosio fueron capaces de conjurar las sucesivas invasiones de pueblos bárbaros que amenazaron el Imperio de Oriente. Los visigodos fueron desviados hacia Occidente por el emperador Arcadio (395-408). Su sucesor, Teodosio II (408-450) reforzó las murallas de Constantinopla, haciendo de ella una ciudad inexpugnable (de hecho, no sería conquistada por tropas extranjeras hasta 1204), y logró evitar la invasión de los hunos mediante el pago tributos hasta que, tras la muerte de Atila, en 453, se disgregaron y dejaron de representar un peligro. Por su parte, Zenón (474-491) evitó la invasión del ostrogodo Teodorico, dirigiéndolo hacia Italia.
La unidad religiosa fue amenazada por las herejías que proliferaron en la mitad oriental del Imperio, y que pusieron de relieve la división en materia doctrinal entre las cuatro principales sedes orientales: Constantinopla, Antioquía, Jerusalén y Alejandría. Ya en 325, el Concilio de Nicea había condenado el arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo. En 431, el Concilio de Éfeso declaró herético el nestorianismo. La crisis más duradera, sin embargo, fue la causada por la herejía monofisita, que afirmaba que Cristo sólo tenía una naturaleza, la divina. Aunque fue también condenada por el concilio de Calcedonia, en 451, había ganado numerosos adeptos, sobre todo en Egipto y Siria, y todos los emperadores fracasaron en sus intentos de restablecer la unidad religiosa. En este período se inicia también la estrecha asociación entre la Iglesia y el Imperio: León I (457-474) fue el primer emperador coronado por el patriarca de Constantinopla.
A finales del siglo V, durante el reinado del emperador Anastasio I, el peligro que suponían las invasiones bárbaras parece definitivamente conjurado. Los pueblos germánicos, ya asentados en el desaparecido Imperio de Occidente, están demasiado ocupados consolidando sus respectivas monarquías como para interesarse por Bizancio.
La época de Justiniano
Anastasio I
Durante el el reinado de Justiniano (527-565), el Imperio llegó al apogeo de su poder. El emperador se propuso restaurar las fronteras del antiguo Imperio Romano, para lo que emprendió una serie de guerras de conquista en Occidente:
- Entre 533 y 534 un ejército al mando del general Belisario conquistó el reino de los vándalos, en la antigua provincia romana de África. El territorio, una vez pacificado, fue gobernado por un magister militum.
- Entre 535 y 536, Belisario arrebató a los ostrogodos Sicilia y el Sur de Italia, llegando hasta Roma. Tras una breve recuperación de los ostrogodos (541-551), un nuevo ejército bizantino, comandado esta vez por Narsés, anexionó de nuevo Italia al Imperio.
- En 552 los bizantinos intervinieron en disputas internas de la Hispania visigoda y anexionaron al Imperio extensos territorios del sur de la Península Ibérica. La presencia bizantina en Hispania se prolongó hasta el año 620.
En la frontera oriental, Belisario detuvo la ansias expansionistas del persa Cosroes I (531-579), al que derrotó en la batalla de Daras.
batalla de Daras
Las campañas de Justiniano en Occidente dejaron exhausta la hacienda imperial y precipitaron al imperio en una situación de crisis, que llegaría a su punto culminante a comienzos del siglo VII.
La época de Justiniano no sólo destaca por sus éxitos militares. Bajo su reinado, Bizancio vivió una época de esplendor cultural, a pesar de la clausura de la Universidad de Atenas, en la que destacan, entre otras muchas, las figuras de los poetas Nono de Panópolis y Pablo Silenciario, el historiador Procopio, y el filósofo Juan Philoponos. Entre 528 y 533, una comisión nombrada por el emperador codificó el código legal romano en el Corpus Iuris Civilis, permitiendo así la transmisión a la posteridad de uno de los más importantes legados del mundo antiguo. El esplendor de la época de Justiniano encuentra su mejor ejemplo en una de las obras arquitectónicas más célebres de la historia del Arte, la iglesia de Santa Sofía, construida durante su reinado por los arquitectos Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto.
El repliegue de Bizancio
Los siglos VII y VIII constituyen en la historia de Bizancio una especie de "Edad Oscura" acerca de la cual tenemos muy escasa información. Es un período de crisis, del cual, a pesar de las tremendas dificultades externas (el hostigamiento del Islam o los continuos ataques de búlgaros y eslavos) e internas (las luchas iconoclastas), el Imperio salió transformado y reforzado.
Las amenazas exteriores
El siglo VII comienza con la crisis provocada por la espectacular ofensiva del monarca sasánida Cosroes II, que llegó a amenazar la existencia misma del Imperio. Esta situación fue aprovechada por otros enemigos de Bizancio, como los ávaros y eslavos, que pusieron sitio a Constantinopla en 626. El emperador Heraclio fue capaz, tras una guerra larga y agotadora, de conjurar este peligro, repeliendo el asalto de ávaros y eslavos, y derrotando definitivamente a los persas en 628.
Sin embargo, apenas unos años después, entre 633 y 645, la fulgurante expansión del Islam arrebata para siempre al Imperio, exhausto por la guerra contra Persia, las provincias de Siria, Palestina y Egipto. A mediados del siglo VII, las fronteras se estabilizaron. Los árabes continuaron presionando, llegando incluso a amenazar la capital, pero la superioridad naval bizantina, reforzada por su magníficas fortificaciones navales y su monopolio del fuego griego un producto químico capaz de arder bajo el agua, salvó a Bizancio.
En la frontera occidental, el Imperio se ve obligado a aceptar desde la época de Constantino IV (668-685) la creación dentro de sus fronteras, en la provincia de Moesia, del reino independiente de los búlgaros. Durante toda esta época, además, pueblos eslavos fueron instalándose en los Balcanes, llegando incluso hasta el Peloponeso. En Occidente, la invasión de los lombardos hizo mucho más precario el dominio bizantin | | |